Zahara, bendita tú eres entre todas las mujeres

Hay artistas que no saben dar pasos en falso en sus carreras y todo lo que hacen tiene un cómo y un porqué. Zahara es una de ellas. Sabe que esta es una carrera de fondo en la que la victoria no es cruzar una meta, sino llegar y marcarse una nueva en cuanto la bandera a cuadros deje de agitarse.

El nuevo tramo de este viaje acaba de empezar y su banda sonora será Santa, su tercer álbum y un claro impulso hacia esas nuevas metas.

Como ya adelantaban “Crash” y “Oh, Salvaje”, los dos temas que se pudieron escuchar antes de la salida del disco, Santa propone un cambio en cuanto a sonido con respecto a La Pareja Tóxica, en el que los culpables son músicos como Sergio Caffeína (coproductor junto a la propia Zahara), los Mucho, Martí Perarnau y Víctor Cabezuelo o Carlos Sosa de Fuel Fandango. Sintetizadores, cajas de ritmos, arreglos de vientos y cuerdas…

Santa rompe, desgarra y enamora, llevado de la mano por una de las voces más personales de la música actual, tan teatral como llena de registros, que consigue el matiz perfecto para cada sensación que las canciones nos quieren transmitir, desde la potencia y la rabia de “Oh, Salvaje” a la dulzura-pop de “Donde Habitan los Monstruos”, falsetes imposibles, gallos perfectamente intencionados o gritos descarnados contando historias de relaciones comunes disfrazadas de épica brillante guitarrera o acariciadas por sonidos sintéticos y acústicas de la madera de la que salen las astillas que se clavan en los corazones de los cada vez más y más fieles fans de Zahara.

A veces se hace difícil desgranar un disco canción por canción y solo sale describirlo en su conjunto porque esa es la sensación que se percibe, que Santa no es una colección de canciones, es un jarrón de barro modelado con tanta paciencia, cariño y trabajo que se merece que cada oyente se haga su propia idea de todas y cada una de las canciones, que las haga suyas y que sirvan de traducción de emociones cuando no tengamos las palabras para expresar las nuestras propias.

Todos nos enamoramos y nos desenamoramos alguna vez en una canción de Zahara.

Bendita tú seas entre todas las mujeres.

Gracias, Santa.