Yo fui fan de Pereza

 

Dos tipos muy flacos van vestidos con traje, Ray-Ban y zapatillas Converse. Saltan, hacen poses de canallitas, ponen morritos, juegan al air guitar o incluso parece que tocan la guitarra de verdad. Su pelo es de un rizo alborotado y cuidadosamente trabajado que produce una envidia que yo disfrazo de asco. Hablo de un videoclip en blanco y negro al que yo caigo en algún random día de zapeo pre- Netflix. Es 2003 y mi sensibilidad emocional de cromañón veinteañero educado socialmente en el heteropatriarcado no da para más y exclamo: “Vaya par de maricas”

“El primer cd que yo tuve de Pereza fue una maqueta que me mandaron y me horrorizó. Luego los vi en directo y entendí todo, todo lo que no entendía”.
Iván Ferreiro

El primer impacto que recibí de Pereza no dista mucho de la sensación que tuvo Ferreiro al escucharlos por primera vez. En aquella época yo era muy del rock español. Calamaro era lo más grande, Piratas la mayor banda del mundo y Robe algo así como el presidente del gobierno oficioso de mi cabeza. Yo me había criado con el dance noventero y el cancionero de Manolo García, así que ignoraba que existía un lugar llamado indie. Mis prejuicios y mi gusto eran bastante limitados, pero ya me daba para odiar ciertas bandas y actitudes, y entre ellas se encontraba todo lo relacionado con El canto del loco. Lugar en el que Pereza decidió transitar para la versión edulcorada de “Pienso en aquella tarde”, el hit de su segundo álbum.

A pesar de mi gusto por el llamado rock latino (sic), Pereza no me entraba. Pero fue cuando realizaron una jugada maestra. Un movimiento para manipular mentes en formación como la mía. Un disco de colaboraciones.

Los amigos de los animales

A mitad de la década pasada, en España se originó un movimiento, casi un running gag, que consistía en sacar discos de colaboraciones. Los grupos recopilaban sus “grandes éxitos” y, ya fuera en directo o grabados en estudio, llamaban a sus amigos, a los artistas referencia de sus discográficas o a quién lo petara más en las ya menguantes listas de ventas. Daba igual todo. Entre ese amalgama de duetos surgió una amistad entre varios  músicos de generaciones colindantes: Iván y Amaro Ferreiro, Quique González, Xoel López (por aquel entonces Deluxe), Sidonie, Amaral, M-Clan, Coque Malla o los propios Pereza.

Una larga lista que apuntaló una relación musical recurrente entre varios de ellos. El llamado Laboratorio Ñ que llevó a Amaral, Pereza, Iván Ferreiro, Quique González y Deluxe a colaborar en discos, directos y perversiones varias hasta llegar grabar un perdido documental llamado ‘Y todo lo demás también’.

Leiva y Rubén Pozo, apadrinados ya por estos músicos, decidieron dar una vuelta de tuerca a algunas de las canciones de sus tres discos publicados. Hicieron una lista con todos los músicos con los que querían colaborar (sólo les fallaron Calamaro y Rosendo) y se sentaron con ellos para adaptar su cancionero al estilo de los invitados. Porque si algo no se le pudo negar nunca a Pereza, fue su inteligencia (y la ambición de Leiva). El ejemplo perfecto lo tenemos en la canción que abrió ‘Los amigos de los animales’. “Como lo tienes tú” era el puro paradigma de lo que significaba Pereza, letra canallita, guitarras stonianas y ecos de Burning. Leiva y Rubén desnudaron la canción, la volvieron semi-acústica y dejaron que Bunbury pusiera su carisma y su característica interpretación. El tema cogió otra altura y me cerró la puta boca.

Todo el disco funcionó igual. “Niña de papá” se mezcló con el “Fascinado” de Sidonie. Xoel López se llevó “Matar al cartero” a su terreno. Eva Amaral subió los tonos de “La noria”. Ariel Rot mandó callar a Leiva en la versión jam de “Manager”. El disco me entró fuerte y yo no pude negar más la evidencia. Me hice fan de Pereza.

Lo que siguió a continuación fue un capítulo más del libro de mi personalidad a la que podríamos titular “Cómo la ansiedad dominó mi vida”. Como todas las cosas que me han gustado a lo largo de mi existencia, Pereza también fue presidida por la pasión. Normalmente cojo a un icono pop y lo exprimo hasta que revienta él o reviento yo. Rubén y Leiva no fueron una excepción y me compré discos, entradas de conciertos, camisetas (joder, hasta en unos carnavales me disfracé de Leiva) y  los defendía en sofisticados e intelectuales debates:
– ¿Cómo te puede gustar esa puta mierda?

– ¡Qué pasa, nano! A mí me molan.
– Los ponía a picar piedra.

Aproximaciones

Pasó el tiempo, crecieron las entradas de Leiva (y las mías) que disimulaba con sus rizos y creció también su ambición. De los prehistóricos y democráticos Pereza pasaron a una disimulada dictadura donde la figura de Miguel se agiganta y mengua la de Rubén. Se iban convirtiendo en Calamaro y Rot. En Pablo Iglesias e íñigo Errejón. Leiva era Lennon+McCartney y Rubén Pozo no llegaba ni a Ringo. Leiva metía más y más canciones y la discográfica los seleccionaba como singles, dejando a Pozo en una especie de Cara B de su propia banda, con temas sencillos, acústicos y honestos.

‘Aproximaciones’ fue el inicio. En lo que Rubén incluía “Dímelo”, “Margot” o “Talibán” (sólo “Margot” acabó siendo una especie de single-epílogo), Leiva metía “Aproximación” (single), “Tristeza” (single), “Estrella polar” (single), “Por mi tripa” (single) o las también coreadas “Dos gotas”, “Beatles” y “Frágiles”. Fue una goleada sin paliativo. Leiva se había comido a Rubén.  Yo, indiferente a estos debates, proseguía con mi afición por ellos hasta tal punto que por primera vez viajé para un concierto. El famoso directo en Las Ventas con los Sidonie como teloneros.

Aviones

Si ‘Aproximaciones’ había sido el disco beatle con toques stonianos de los de Alameda de Osuna, ‘Aviones’ era el disco stone con toques beatles. La madurez compositiva y vocal de Leiva ya no es discutible. Fobias aparte, Miguel se convierte musicalmente en un monstruo de mil cabezas. Sabía tocar muchos palos y muy bien. Era una cocktelera de estilos y referentes que transformaba en canciones propias. “Champagne”, “Amelie” (jugando a ser Calamaro con el propio Andrés), “Violento amor”, “Que parezca un accidente” fueron algunos de los temas que incluyó en el disco póstumo del dúo. ¿Y Rubén? Pues hizo lo que pudo. O lo que le dejaron (“Pirata”, “Backstage”…)

‘Aviones’ fue el disco de la ruptura. Leiva pensaba que todas sus composiciones encajaban en el disco y Rubén lo mismo. Había que equilibrar el tracklist y salió casi un disco doble que ya anticipa la despedida, como se intuye en la letra de “Llévame al baile”. Incluso la cantaron a pachas.

El día que no pueda más

Aquellos dos tipos flacos que hacían tonterías en un perdido videoclip de la TDT habían pasado del underground madrileño a todas las plazas de toros del estado. De mi rechazo a mi pasión. De aquel “¿quién coño son estos” al “tienes que escucharlos porque son lo mejor del rock comercial”. De odiarlos al “cansinismo” de recomendarlos a todo el mundo.

Por el camino los tres cambiamos y dejamos algunos cadáveres. Vinieron colaboraciones, nuevas amistades e incluso maduramos. Ellos se dijeron el “Tenemos que hablar” y yo hice lo propio con quién tenía que hacerlo. Ellos emprendieron sus carreras en solitario y yo me fui a otros territorios. Pero hay algo que nunca podré negar: Yo fui fan de Pereza.