Vida después de la eternidad y los libros

«¿Qué era real para ti, Daniel?»
«El tiempo entre los segundos. Y mis libros, y mis amigos.»

¿Cuántas veces hemos ido al trabajo y hemos vuelto sin nada que contar? Sin nada relevante. Nada que sea realmente interesante. Real. No ha pasado nada.

Imaginémonos ahora un mundo donde solo existen dos cosas. Vosotros y libros. Tal vez escucharais dos voces de vez en cuando. Una que sea vuestra amiga y otra que represente lo peor que puede dar la humanidad. ¿Lo tenéis? ¿Podría existir?

Rectify

Existe. Lo conocemos como el corredor de la muerte. Imaginad estar encerrados en una habitación blanca donde solo tenéis vuestra cama, el orinal, la puerta por donde os dan la comida, y dos rendijas de ventilación a cada lado y por la que habláis con los dos reclusos de las celdas contiguas. Uno os comprenda y que sepa el dolor que él mismo ha causado, y otro que por el contrario se enorgullece de ello. ¿Y tú? En medio, viendo el paso inexorable del tiempo. Sin más entretenimiento que libros… Y así, un año. Dos años. Cinco. Diez. Quince. Diecinueve.

Diecinueve son los años que Daniel Holden, el protagonista de Rectify, pasa encerrado en el corredor de la muerte hasta que una nueva prueba de ADN le exculpa de ser ejecutado.

Pero pensemos. En los últimos diecinueve años el mundo ha cambiado muchísimo. Yo y tu hemos somos dos personas totalmente distintas. ¡Avanzamos! Pero el tiempo no trabaja de la misma forma dentro y fuera del corredor de la muerte, por lo que Daniel sale a un mundo totalmente desconocido, a convivir con una familia que le ama más que a nada, pero que a su vez nunca le podrá entender.

Si Daniel entro con 18 años en prisión por el presunto asesinato de su novia, ha salido con 37. Todo un hombre hecho y derecho, o al menos eso se espera del común de los mortales. Pero nuestro protagonista realmente es un niño, un niño culto, un niño sensible, un niño abstraído, un niño leído pero no vivido, y como cualquier niño, no sabe cómo funciona el mundo que le rodea, ni por asomo llega entenderlo.

Pero este niño tiene una grandísima culpa dentro. Siente necesaria una redención que gran parte de su pueblo nunca le otorgará, para ellos él siempre será el asesino de la pequeña Hannah. Una persona despreciable que merece la muerte. Diga lo que diga a ley. Ellos lo saben, y un tecnicismo de prueba de ADN años después del asesinato no les detendrá.

Rectify está marcada por un aspecto clave. Su intensidad. Es una serie de grandes emociones por descubrir, de personajes que han sufrido casi 20 años de idas y venidas, 5 momentos de ejecución (aplazados por las apelaciones), familias destrozadas, y personas que buscan solo una cosa, el ser comprendidas. Ya sea en la soledad a la que están acostumbrados o en la expresión de amor que tanto tiempo llevan esperando. Pero muchas veces estos son dos sentimientos muy contrarios.

 

Además de las grandísimas actuaciones de Aden Young (Daniel Holden) y Abigail Spencer (Amantha Holden, hermana de Daniel), es imprescindible comentar la grandísima escena con la que abre la serie. Daniel, a punto de ser liberado, ve como uno de los guardias que lo han estado tratando como una mierda durante los años, ahora lo ve como a una persona a respetar, inocente tal vez. Un momento que pone la piel de gallina.