Viaje a los sueños polares de The New Raemon

Analizar el quinto disco de un artista que ha triunfado con el primero, por pura inercia, pone el listón en ese primer trabajo, por lo que es sano y necesario meter Oh, Rompehielos en su lugar y contexto.

Oh, Rompehielos es el álbum que llegó desde la sorpresa, como noticia en pleno exilio en el que estaba sumido Ramón, alejado de los escenarios, tomándose un más que merecido descanso indefinido que finalmente no fue tal. La calma antes de la tempestad, el silencio antes de la distorsión.

Cuesta enfocar este disco en el tiempo, cuesta saber si es el principio de algo nuevo, un punto y final brillante o un intermedio. A la primera escucha uno se da cuenta de que han vuelto detalles de aquellos primeros álbumes acústicos, las canciones saltarinas y las letras más directas, pero siguen presentes los coros desde sótanos de casas abandonadas y las guitarras eléctricas que se cuelan ente las ramas caídas de los árboles del bosque de Libre Asociación y Tinieblas, Por Fin, una amalgama de sellos de identidad que han llevado a The New Raemon a hacerse con un sonido propio y personal a pesar de haber evolucionado en cada disco, lo cual nos lleva a hacernos de nuevo la pregunta:

¿Es éste un álbum homenaje a toda una carrera, un álbum recopilatorio con canciones totalmente nuevas?

¿Es Oh, Rompehielos ese “fin de ciclo” que grita en Al Margen?

Busquemos respuestas, rompamos el hielo.

Apenas unas notas y ya notamos algo diferente. La mítica Gibson acústica no está. Fue remplazada por una guitarra clásica que seguirá susurrando a lo largo de todo el disco. Ramón es el José González de Junip, pero mejor vestido.

Una Historia Real sirve de primer empujón, abriendo brecha en la capa helada de ese mar en calma que es el sonido Raemon, con capas y capas de sonido que convierten en grandes a canciones, en esencia, pequeñas y deja sitio para que se nos cuele en el oído la canción que da título al disco, la traviesa y dulce Oh, Rompehielos, que cabalga por cubierta juguetona mientras el viento nos despeina en forma de slide-guitar y vemos a lo lejos aproximarse la tormenta de guitarras que da presencia al estribillo. ¿Huída o llegada?

“Oh, Rompehielos, ven a buscarme. Llévame a puerto, échame un cable”

En uno de los camarotes se esconde La Reina del Amazonas, el single que vino acompañado de ese magnífico videoclip de Lyona, una canción de amor pop, alegre en esencia y oscura en las formas, una canción fácil y pegadiza con una producción brillante.

Tras la tormenta, nos despertamos encallados en plena Antártida y mientras resuena en nuestra cabeza el piano de Transference, nos topamos de frente con El Yeti, quizás mi canción favorita del disco, lenta, épica, triste, con un estribillo de esos de cantar con lágrimas en los ojos.

“Disfrazado de glaciar, siempre actúo como tal”

Y nadando por las aguas en calma, la corriente nos lleva por Mientras Sea Intruso, Quimera y Desencuentros, 3 islas pequeñas, inhabitadas en medio de la nada, 3 canciones de relleno, bastante prescindibles, que no dicen demasiado, pero bien ejecutadas y mejor arregladas.

Quizás sea el momento de terminar el viaje, de llegar a tierra, de encontrar un lugar en el que mantenerse Al Margen, de dejar en la orilla la balsa destrozada por la tempestad y de cerrar un ciclo y tomarse un momento para recordar, para echar de menos los sonidos del principio, de reconocer en Los Hechos el minimalismo de aquel EP, Cuaresma, que pasó desapercibido para muchos pero nos dejó una huella imborrable a algunos otros, y, sentados en la arena al anochecer frente a la hoguera, quemar los recuerdos y empezar de cero o terminarlo todo de golpe, romper el hielo para huir o para volver a casa, de dejar que las olas nos acerquen los viejos sonidos o que se los lleven para siempre y de agradecer a Ramón otro disco bonito, quizás no el más brillante líricamente ni el que tenga más canciones que perduren en la memoria, pero si un disco que nos llevó otra vez de viaje para hacernos vivir aventuras y dejarnos otra vez, sanos y salvos en tierra firme.

Ohrompehielos