Un día como hoy

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Que alguien le diga a Facebook que se calle la puta boca. No quiero que me lleguen más notificaciones de “un día como hoy…” Si mi memoria no falla, me acordaré de todas las cosas felices que me han sucedido, y seguramente también de las malas.

Cuando se puso en marcha esta nueva posibilidad en mi cuenta de Facebook, me hizo mucha gracia, era divertido. Fotos de cuando las Converse eran tu único calzado, vídeos de las fiestas en tu primer piso de estudiantes, esos textazos a tu mejor colega diciéndole lo mucho que le quieres… Hasta ahí todo bien, todo correcto, y yo que me alegro.

Entonces de repente ocurrió el desastre. Tu ex, y puede que tu otro ex, y quizás otro ex más. Que no tendría por qué pasar nada, está claro que todos somos adultos y sabemos superar los finales, los cambios de ciclo y las rupturas. Pero no me negaréis que hay algunas que escuecen más que otras. El asunto se complica cuando sueles ser el mártir, el sufridor, el eterno dejado, cuando sueles ser yo.

Querido Facebook, no hace falta que me recuerdes aquel concierto de Vetusta Morla, que todavía no lo he olvidado. Aquella cena romántica, nuestro primer arroz en la playa o esas vacaciones con su hermana y cuñado. La tercera y última vez que mancillamos el asiento de mi coche. La foto de la primera noche en la que despegamos juntos, más borrachos que otra cosa. Nuestra canción, la canción de cuando bailábamos el mambo y la que me enviaba por Whatsapp por darme las buenas noches. Aquel disco que le compré en el Record Store Day y tendría que haberme quedado.

El acústico de L.A. en el que lo habíamos dejado. Las cervezas previas a aquella cantada reconciliación. Aquel domingo en que una visita a la farmacia nos jodió el descanso. El día en el que empezaste a convertirte en un extraño. El viaje a Albacete para ver un partido de fútbol y acabar con dos docenas de Miguelitos en nuestro haber. El disco de Luis Brea y el miedo. Aquella cena que consistía en queso y vino, cualquier excusa era buena para emborracharnos. “El Principito” que te regalé en Sant Jordi y jamás leerás. El vestido rojo que tantas veces me puse para que me lo arrancases con la boca.

Tengo memoria a corto y largo plazo, no poseo un delete mágico que se lleve por delante todos esos recuerdos que encima tú, quieres restregarme por la cara.

¿Tantas canciones le dediqué camufladas? ¿Escribí tantos texto intensitos en TheAfterMag para él? ¿Follábamos tanto? ¿En serio Mark Zuckeberg? Tu memoria es infinita, al contrario que tu compasión, te has inventado esa opción para conseguir compartidos y para hacer mucho daño.

Lo más fácil es no hacer el click, no entrar en la opción, eso también lo sé yo. Suelo hacer un barrido rápido en mi mente pensando en el día que estamos, intento detectar recuerdos que puedan hacerme daño y si no encuentro nada allá que voy. Pero a ver, perfecta no soy y la curiosidad me puede, esa misma que mató a miles de gatos.