Ultrasónica, el salto al vacío de Piratas

Aunque ya no lo recordemos, hubo un tiempo en el que no teníamos Twitter y Facebook. Por no haber, no existía ni Myspace. Si acaso, nos bajábamos algunas canciones con el Kazaa y el Napster de Justin Timberlake Sean Parker. Y tardaban horas. Prácticamente, los grupos sólo podían promocionarse bajo la dictadura de Los 40. No hablamos de la prehistoria o de la Movida, sino de principios del 2000. Si una banda quería vivir fuera del circuito comercial, necesitaba copar la MondoSonoro y llamarse Los Planetas. O ceder una canción a alguna marca de refrescos y petarlo mucho y muy fuerte. Para más inri, la primera edición de Operación Triunfo estaba a punto de estallarnos en nuestras caras y cambiar a peor (sí, aún más) el panorama musical de este país. En medio de esta coyuntura, había un grupo vigués que se hacían llamar (Los) Piratas.

Los Piratas

Los Piratas – Foto promocional

En el 2001, Iván, Fon, Paco, Pablo y Hal llevaban cerca de una década progresando disco tras disco. Poco tenían que ver ya con esa banda que, a base de concursos, habían conseguido editar un primer disco en directo, hecho que produjo el recelo de la crítica. Aquello fue en 1992, cuando eran unos imberbes a los que Warner les sacaba un álbum en directo con canciones como “Oh, nena”. Afortunadamente, lo bueno de las primeras impresiones es que sólo funcionan la primera vez. Con el paso del tiempo, esa reticencia de la crítica especializada se transformó en elogios y sus fieles comenzaron a multiplicarse. Pero algo fallaba. Aunque editaban bajo una multinacional, no acababan de explotar. Como esos futbolistas que debutan jóvenes y prometedores pero nunca llegan al estrellato. Ellos querían independencia artística, pero el sello les demandaba ventas. Hasta el punto de meter en la BSO de (tápense las narices) ‘Batman & Robin’ (ya pueden volver a respirar), un tema de su disco Manual para los fieles (1997), Mi matadero clandestino. El siguiente intento de la discográfica por popularizar a la banda consistió en la publicación de un recopilatorio. El grupo había decidido darse un respiro para coger aire y Warner se las ingenió para incluir en la compilación de los mejores temas de Los Piratas una versión del My Way. Y aunque a Radical Fruit Company o Cherry Coke no les llegaba, si dio para que Airtel (precuela de Vodafone) escogiera la canción para ponerle banda sonora a su nueva y agresiva campaña publicitaria. Bingo. My way lo petó y el Fin de la primera parte (1998) reportó a los de Vigo su primer Disco de oro. Normal. A la lista de Promesas que no valen nada, M, Mi coco, Te echaré de menos  o Fecha caducada (himnos que perduran en nuestras venas), había que sumar dos canciones que a lo postre demostraron ser el preludio de lo estaba por venir: Vacío y Hoy por ayer. Las guitarras se distorsionaban y la experimentación cobraba sentido.  Pero sólo era el principio (de la segunda parte).

Ultrasónica de Piratas

Con este telón de fondo se gestó Ultrasónica. Y con la presión de la discográfica por convalidar el éxito anterior. No podían fallar. Llevaban muchos años luchando por vivir de la música y la auto-exigencia artística y musical adquirió sus mayores cotas. En la producción volvieron a confiar en Juan Luis Giménez (Presuntos Implicados) que ya había estado a los mandos del Poligamia y Manual para los fieles, y Vicente Sabater, haciendo también funciones de técnico de sonido.

La progresión era imparable y los vigueses  habían decidido dar un salto musical al vacío. Sin saber que podía haber debajo. Daba igual. El paso al Protools, la presencia infinita de programaciones, el juego con distorsiones, el cambio en la estructura de las canciones, loops, pedales… Los cinco miembros de Los Piratas se habían traído los deberes hechos de casa y cada uno tenía muy claro su papel en esa grabación. Hasta el punto de que Juan Luis Giménez se vio superado por ellos. La premisa estaba clara: “Lo que ya hemos hecho, ya lo sabemos hacer. Inventemos algo nuevo”.

La invención se reflejó en la electrónica que azotaba Teching (aún más visible en la versión de Sesiones Perdidas). Con el segundo corte alcanzaron la eternidad. Era un medio tiempo con el rasgueo de una guitarra que acompañaba unos versos que hablaban de lo más universal del mundo. Pero trascendió. A esa canción la bautizaron como El equilibrio es imposible. Después,  el binomio Muertos y Jugar con los coches enredaba con la oscuridad de las letras y lo etéreo  que conseguían con la instrumentación. Algún pequeño bajón tenía que venir en el álbum. Y llegó con Inevitable y Caótico neutral. Esa pausa fue neutralizada por las guitarras en el final de Colores, la cual evocaba a Vacío. En Cuando te duermas, Iván lograba unos tonos nunca antes vistos en su repertorio. La rabia la ponía Disimular, y la introspección llegaba de la mano de Filofobia.

Los cortes de la grabación se los van enviando a la discográfica. Pasados unos días, reciben una llamada. Al otro lado del teléfono les retumba una frase. La misma de siempre. Esa etiqueta que parecía haberse pegado a fuego en la piel de la banda viguesa. Pero ya no venía de la prensa o el público. Venía de Warner.

“Suena demasiado indie para la radio comercial. Y demasiado comercial para el indie”.

Otra vez diluidos en medio del mar de la nada. En medio de todo. Y ahora es cuando toca recordar el inicio de este artículo. El año 2001 no es 2012. Donde Vetusta Morla y Love of Lesbian gozan de un estatus de lujo, libertad, público y hasta ventas. Todo ello siendo grupos gestados fuera del circuito mainstream. La universalización y democratización de las bandas aún no se había producido. Ni la masificación de los festivales veraniegos. Los Piratas rechazaban cualquier tipo de etiqueta. Ellos sólo querían hacer música. Ir a su bola.

“Va a ser muy difícil vender este disco. Necesitamos un hit o una canción que pueda sonar en las radios.”

Sus jefes querían un single. Un hit de estribillo pegadizo para que Tony Aguilar lo pinchara en las mañanas del sábado. Entre el Alma al aire de Alejandro Sanz y alguna chorrada de UPA Dance.

Los Piratas replicaron: “¿Queréis un single? Pues lo vais a tener”. Llenos de rabia e impotencia, lo que iba a empezar como una burla a su propia discográfica acabó convirtiéndose en un Frankenstein con vida propia.

Ya puestos a “venderse”, pensaron que sería divertido incluir la base más disco que podían e intercalar trocitos que recordaban a otros temas (hay una parte inspirada en el Septiembre de Los Enemigos). En definitiva, burlarse de lo que es un single. E incluso burlarse de ellos mismos burlándose de Warner: “Cuando me hiciste llamar, lo sospechaba”. Querían hacer la meta-canción. Incluso se las ingeniaron para colar un rap en francés al principio de la canción (la voz corrió a cargo de uno de los asistentes de la grabación). El grupo había comenzado un poco con los brazos caídos, pero poco a poco se fueron soltando. Y la guinda la puso Iván. Lleno de rabia y furia, cantando algo que no quería cantar. El productor le alentó para que cantara con una sonrisa en la cara, e Iván obedeció. Pero la rabia seguía ahí, y se quedó para siempre impregnada en la canción.

La canción, obviamente, no era otra que Años 80.

El disco salió a la venta bajo el título de Ultrasónica. La crítica se rindió y bautizaron al grupo como “los Radiohead de Galicia”. Ellos se quitaron el Los para pasar a ser Piratas, a secas. Y sí, el single se convirtió en un hit. Que digo hit, HITAZO. Los fieles la eligieron como su favorita. El grupo alcanzó otro Disco de oro. Y hasta acabaron enamorándose del tema a la par que se cansaban de ellos mismos. Necesitaban otro descanso. Un momento de relax.