Togetherness: juntos, nada más

La cancelación, ese gran enemigo de las series y del espectador medio, siempre había sido una inminente amenaza para ‘Togetherness’, la incomprendida serie de la HBO creada por los hermanos Duplass. Además de su escaso índice de audiencia, algunos críticos tachaban la serie de sosa e incluso simplista para el universo de la polémica cadena, obviando el hecho de que su sencillez y el realismo de cada episodio hacían de este producto una maravilla en sí misma. Que sus personajes Michelle, Brett, Alex y Tina iban cobrando identidad capítulo a capítulo, temporada a temporada, dibujándose poco a poco las líneas de sus ordinarios, pero a la vez complicados caracteres. ¿Que quizá no aportaran nada novedoso? Quién sabe, es complejo entrar en el ámbito de lo puramente subjetivo, pero aún así la facilidad y belleza con la que describía todo tipo de situaciones cotidianas eran admirables.

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Pese a todo, la serie no ha sobrevivido a la segunda temporada y, sus fervorosos espectadores, ya sufrimos después de la emisión de la ‘Season finale’. Sabemos que merecía continuar y duele un poco porque ‘Togetherness’ lo ha sido todo, pura magia, todo un cóctel de sentimientos que hemos ido digiriendo poco a poco. Era un viaje tragicómico por la rutina, el fracaso y, en definitiva, la vida. Mientras que la primera temporada actuaba a título de introducción, presentándonos a los personajes, sus dilemas, sus complicadas y rutinarias vidas, así como sus esperanzas, la segunda ha sido la explosión, el desenlace, el clímax. Al menos nos han dejado tener una resolución.

Brett y Michelle, a pesar de ser un matrimonio consolidado con dos niños, son incapaces de tener sexo con confianza y normalidad. Tina, la superficial hermana de Michelle, empieza a intimar con Alex, -amigo de infancia de Brett-, y él se enamora irremediablemente de ella. La tensión sexual es tan evidente, que podemos recrearnos como un adolescente viendo ‘Dawson crece’ por primera vez. Pero claro ella es Amanda Peet y él, un proyecto de actor fracasado, rechoncho, y de momento sin hogar, que empieza a pringar como ‘pagafantas’. El autoengaño es el elemento común a todos ellos. El fracaso. Todos ellos huyen de sus problemas y son incapaces de enfrentarse a sus miedos, todos ellos son cobardes. Y poco a poco va formándose una bola que va a explotar en cualquier momento.

La segunda temporada comienza con un ‘cliffhanger’ protagonizado por Melanie Linskey (a la que muchos conoceréis como Rose de ‘Dos hombres y medio’ y con una de las actuaciones más brillantes de la serie). No soporta su situación marital y tiene un affaire, flor de un día, que decide contarle a su marido. Y cuando parecía que todo iba a mejor entre ellos, como en ‘Safety not guaranteed’, Mark Duplass (Brett) se adentra en un auténtico viaje en el tiempo, regresando inconscientemente a una adolescencia compartida con Alex de la que no quiere volver. Vuelve a su ciudad de origen y desentierra una cápsula del tiempo. Pero en ese viaje, también metafórico, Brett sigue huyendo de sus problemas, buscando un refugio seguro. Para que duela menos. 

De esta forma, dos realidades chocan. La de Michelle (que adopta la postura madura), que arrepentida sigue tratando de buscar una solución y lograr el perdón de su marido, y sacar hacia adelante su proyecto, por y para sus hijos. Y la de Brett, infantil, frustrado y furioso, que conduce un Uber para ganarse la vida mientras se dedica a seguir mintiéndose a sí mismo para justificar sus más que cuestionables decisiones .

Mientras, Alex y Tina han ido distanciándose con el tiempo, aunque sus sentimientos, que se aclaran capítulo a capítulo, son cada vez más evidentes. Alex parece haber encontrado su hueco en el mundo de la interpretación y ha pasado página. O eso se dice. Tina ha terminado una relación y quiere ser madre, aunque no sabe ni cómo. Sus comportamientos histérico celosos, esa tendencia al narcisismo, sus óvulos ancianos, la empiezan a hacer irresistible y empiezan a redimirla de sus muchos, muchos fallos. Incluso tiene una cita con Toby de ‘The office’, el eterno archienemigo de Michael Scott, que viene a darle uno de los consejos más valiosos de su vida. Es evidente que quiere a Alex, pero él no es lo que ella espera de la vida, no es lo que ella considera que merece. Vive en una realidad paralela. Lógicamente queremos que todo vaya bien para todos, porque después de dos años, somos parte de esa unidad, de esta complicada familia con muchos altibajos que han creado para nosotros los Duplass y Steve Zissis.

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Y el final no defrauda. ‘Por los niños’ reza el título, que se aplica a todos los personajes, además. Es lo que todos esperamos, pero su previsibilidad no le quita ni ternura, ni delicadeza. Esta serie es capaz de explorar las relaciones humanas con mucho detalle, sencillez, amor y sobre todo realismo. Todos, en algún punto, nos podemos sentir identificados con un sentimiento, con una situación o con algún personaje. Afortunadamente, casi todas las tramas quedan resueltas. Dejando algunos hilos al arbitrio de la mente de un espectador, que huérfano de tercera temporada, no puede sino imaginar en su mente que les deparará el futuro a estos personajes.

‘Togetherness’, nos ha regalado muchas cosas. Entre ellas, uno de las más bonitas relaciones de amistad vistas en mucho tiempo. Al final, no viene a ser más -ni menos- que eso: una apología de las relaciones humanas. Que demuestra, además, que el paso a la edad adulta no implica siempre que los problemas se esfumen, que todas las épocas de la vida, son complicadas.

Ojalá y pese a todo, Jay y Mark Duplass sigan trabajando juntos mucho tiempo. Espero que su próximo proyecto, no tarde mucho. Ellos lo valen.