Os podría decir que The OA es una serie para frikis. Pero está tan manoseada esta palabra adjetivo que bueno, tanto como decir hipster. Os podría contar que The OA ha sido alabada y absolutamente vilipendiada. Os podría explicar que si tomas mucho te verde en el día, al final no sirve de mucho haberte quitado el café, igual que no os sirve de mucho lo que os digo si no veis vosotros mismos la serie de drama y misterio de 8 capítulos creada por Brit Marling y Zal Batmanglij. La protagonista es la propia Brit como ya hiciera junto al tercero en discordia, Mike Cahill, en la maravillosa película aclamada en Sitges y premiada en Sundance, “Another Earth”, igual como hizo ese mismo año -escribir y protagonizar- en “Sound of my Voice”, premiada también en el Festival de Sundance, ésta dirigida por Batmanglij. O sea que estos tres amiguetes, que se conocen desde la época de la uni, llevan un tiempo creando mundos fantásticos de ciencia-ficción, thrillers psicológicos y así.

Brit Marling

Me he resistido a leer cualquier reseña sobre esta serie para no condicionarme, aunque ya sé por aquellos que la han visto o han leído sobre ella que es polémica. Las opiniones están más polarizadas que la izquierda en este bendito país. Y creo que puedo intuir por dónde van los tiros de aquellos que han hechado pestes. Es por ello que para aquel que aún le quiera dar una oportunidad a esta serie de Netflix (Néflis, como diría mi madre) quiero, y lo voy a hacer porque puedo, dar una serie de claves para su visionado timoneando la procelosa mar de los spoilers.

El punto de partida es una chica que vuelve a casa de sus padres adoptivos después de haber estado 7 años desaparecida. Hasta aquí todo bien. Pero es que resulta que la muchacha era ciega, y ahora pues ya no. Sus padres, como la quieren mucho y la quieren proteger, la encierran en casa sin internet (¡interné!, que diría mi madre) y, claro, aunque ella ya tiene una edad, no deja de ser generación milenial, no puede estar así, y consigue convencer a sus amorosos y viejunos padres, que se ve que nunca pudieron tener hijos y decidieron coger a una joven rusita rubia adorable y desvalida para que sus vidas tuvieran algún sentido, de que la dejen salir al menos una hora para hacer sus cosas. Ella les dice que pasear, pero en realidad se reúne con cuatro jóvenes y una maestra de escuela en una casa que le pilló la crisis al constructor y la dejó a medio hacer, así sin puertas, para contarles lo que ni de coña les piensa contar a sus padrastros (qué palabra más fea, ya sabéis, a sus padres me refiero, no a los uñeros de los dedos) y mucho menos a la policía.

De momento ahí lo llevas, un arranque bastante loco. Incluyamos que nuestra traumatizada protagonista además tiene sueños premonitorios. Lo sabe porque le sangra la nariz, para lo que su madrastra la ayuda dándole pastillones a diario que la dejan con cara de estar disimulando todo el rato una cistitis aguda.

La duración de los capítulos son un poco lo que convenga para cada uno y los cliffhangers son bastante a tope. Todo está envuelto en misterio, una trama que ha de resolverse de algún modo en el último capítulo, el más allá, el new age y una coreografía de movimientos que pueden hacer milagros, son las cosillas por las que navega la historia. Existen, he de decir, varios momentos que no están bien explicados en la acción y que resultan increibles, auténticos WTF en algunos casos, que para los que somos apasionados del guión nos chocan bastante, pero si no te pones quisquilloso, al fin y al cabo, no son tan importantes. Imagino que serán estos puntos mal resueltos los que quizá no hayan gustado, entre otras cosas.

La cuestión es que si te centras sólo en el argumento, en la trama fantástica, en la resolución del misterio, aquí es donde te vas a quedar, y te vas a quedar totalmente insatisfecho. Vas a sentirte defraudado. Me acuerdo de Fabra, Carlos Fabra, diciendo aquello de: “dicen que estamos locos por inaugurar un aeropuerto sin aviones, no han entendido nada, este es un aeropuerto para las personas”. Jé, qué tío. Pasó algo parecido cuando a todo el mundo le pareció una mierda una de las mejores películas de Shyamalan: El Bosque. Fueron al cine a ver una película de miedo que no les dio nada de miedo. Y no les gustó no porque la fotografía fuera mala, que es espectacular, ni porque la música no estuviera bien, porque tiene una banda sonora cojonuda, o porque la metáfora de utilizar el miedo ancestral para encerrar a la población en sus prejuicios y costumbres no fuera genial, porque la verdad es que no repararon en ello, ya que seguramente estaban esperando el susto. Y el giro de guión cuando vemos a Adrien Brody, el hermano discapacitado disfrazado, pues ya a la gente le dio la risa -el peor monstruo de película que jamás se haya inventado, debieron pensar-.

En el caso de The OA tenemos varios temas que son los que realmente se están tratando, como ya hiciera Brit con el guión de Another Earth, una película supuestamente de ciencia ficción, pues la historia va de que un buen día aparece otra Tierra igual a la nuestra y que se puede ver perfectamente ahí en el cielo. La primera escena de esa película de hecho es la protagonista pegándose un leñazo con el coche al verla. Un cierto humor absurdo y negro para contar un drama, a saber: la redención, el perdón y la conquista; y el misterio siempre latente que sirve de metáfora y que tiene una resolución final sublime. Pues bien, en la serie se utilizan estas mismas herramientas para hablar principalmente de las relaciones humanas: entre padres e hijos, entre tutores y alumnos, entre marido y esposa, entre hermanos…

Prairie (así se llama nuestra prota) recluta de manera en principio azarosa a cuatro jóvenes estudiantes para una misión. Cada uno de estos personajes es de maneras muy distintas un inadaptado. Tenemos a Steve, chico violento cuyos padres quieren llevar a una escuela militar y el propio colegio lo quiere expulsar, ya que le dan todos por perdido. Es un ejemplo paradigmático de lo que puede suponer apoyar a un chaval de los de “hermano mayor” cuando todavía se está a tiempo. Después tenemos a Buck, un estudiante transgénero; Jesse, un joven fumeta que se las apaña viviendo con su hermana tras el suicidio de su madre; tenemos a French, también llamado Alfonso, estudiante brillante que también trabaja para cuidar de su madre alcohólica y sus dos hermanos pequeños y también se droga para aguantar toda esa mierda de vida; y ya por último está la profesora Betty – la actriz que da vida al personaje de Phyllis Vance en The Office y la voz de Tristeza en Inside Out-. Este último personaje es importante. Cuando conoce a Brit, ésta, que está haciéndose pasar por la madre de Steve, le dice: si quieres haz tu trabajo, expulsa al abusador y céntrate en el chico que canta como un ángel aunque él no te necesite, o si quieres puedes ser una profesora que ayude Steve, el chico que te necesita para llegar a ser un hombre. Ella, Betty, es otro personaje más que no termina de estar integrada en la sociedad, una persona rara, traumatizada por la pérdida de su hermano Theo, y que encontrará una razón para vivir al conocer a Brit y el resto de alumnos con los que creará un vínculo crucial para superar su tristeza y, por supuesto, para enfrentar su destino en el capítulo final.

Y es precisamente ahí, en el capítulo final donde todo cobra sentido. Ese juego psicológico en el que las dos teorías terminan teniendo el mismo peso: ¿se lo habrá inventado todo Brit? ¿No es cierto que al fin y al cabo sí tenían un propósito como grupo? El mensaje final de la serie es clave, aunque puedes no estar de acuerdo: la supervivencia está basada en la fe y la colaboración. Experiencias cercanas a la muerte, túneles interdimensionales, coreografías absurdas, drama, humor, intriga, ciencia-ficción. Me recuerda, y quiza esté precisamente inspirada, en la pelíclua de culto Donnie Darko.

Amada y odiada a partes iguales, no dejes de prestar atención en esta serie a los silencios, son una auténtica banda sonora, y al tema principal de la serie: el amor. Cada relación de un personaje con otro es un ejemplo muy particular de la complejidad del amor. Pero esto ya daría para otro artículo.