Veo los primeros capítulos de “The end of the f***ing world” con recelo, porque ya se sabe lo que pasa con los pelotazos televisivos, que a veces llegan a saturar un poco. Pero el recelo desaparece lentamente, a medida que te involucras en la narración. Una narración, por cierto, peculiar pero muy bien desarrollada. Es verdad que quizá hubiera funcionado mejor como película, pero es tan corta y tan fácil de ver, que nos olvidamos de todo prejuicio y nos dejamos llevar a través de sus maravillosos ocho capítulos.

La historia de James y Alissa no es bonita, precisamente. Dos adolescentes rotos que en la cafetería del instituto deciden huir de todo y salir al mundo a buscar al padre de Alissa, todo ello sin mirar atrás, porque tampoco lo que dejan es tan importante. James es un presunto psicópata, que ha elegido a Alissa como su primera víctima humana. Alissa se define a sí misma como una ninfómana. Detrás de todo eso existe un bagaje emocional mucho más intenso y unas historias bastante desafortunadas, que son las que precisamente les han conducido por ese camino de confusión y a esa nueva vida desordenada. Con algún que otro crimen a sus espaldas y un road trip lleno de anécdotas incómodas, protagonizan un viaje emocional muy intenso, a través de las narraciones de sus voces en off, que reflejan sus verdaderos temores e inseguridades: la historia de su verdadero crecimiento personal, su madurez… Recorrer con los protagonistas su pasado, los acontecimientos que les han convertido en lo que son hoy, sus traumas y su entorno, es una auténtica experiencia.

Es verdad que la serie en ocasiones peca un poco de pretenciosa, pero es muy original, tiene un ritmo trepidante y te atrapa totalmente a partir del episodio tercero. Lo fundamental, no obstante, es que es atrevida y descarada y “normaliza” situaciones bastante atípicas en televisión tratándolas con picaresca e inteligencia, acercando al espectador a unos personajes que no tienen encaje en un mundo como el actual. Son el verdadero prototipo de “antihéroe” que tanto se estila hoy en día. La trama policíaca que tanto hace referencia a “Twin Peaks”, así como esa atmósfera un poco de peli de los Coen, la hace sumar aún más puntos. La banda sonora que la acompaña también es un acierto, así como el reparto, porque estoy convencida de que los jovencísimos Jessica Barden y Alex Lawther darán que hablar. Quizá mi mayor temor, es que quieran estirar el chicle -como ha pasado con tantas otras- y decidan prolongar una historia, que personalmente, tiene su punto final en ese magistral octavo capítulo, que reestablece el orden normal de las cosas. Lo demás no tendría mucho sentido.

En definitiva, “The end of the f***ing world” es una serie entretenida, muy disfrutable, que te llevará una sola tarde y que recrea maravillosamente esa mentalidad nihilista adolescente en la que absolutamente todo lo que pasa es “el final del puto mundo”. Aunque quizá, en este caso, lo sea de verdad.