Partiendo de una premisa tan simple como recurrente, el relato de un idilio extramarital, ‘The Affair’ conseguía con sus brillantes dos primeras temporadas, y su maravillosa estructura narrativa, lograr lo que muchas series no habían hecho antes. Además de interesarnos por una historia típica, la serie nos hacía cuestionarnos nuestra moralidad como espectadores influenciables, totalmente dependientes de la visión de un narrador que variaba capítulo a capítulo.

Por otra parte, también nos mantenían en vilo las historias de unos personajes psicológicamente muy complejos y detestables, a los que sorprendentemente podíamos odiar cada vez más. Esto era así, hasta la temporada tres. La tercera, la última emitida, ha sido un despropósito mayúsculo y una pérdida de tiempo aún mayor. Por muchos motivos. (ATENCIÓN SPOILERS)

1. Por el absoluto protagonismo de Noah Solloway

‘The Affair’ es la historia de Noah y Allison. Describe y refleja, a la perfección, la destrucción que deja a su paso un tórrido amor prohibido de verano en Montauk. Un amor ilícito que desemboca en un homicidio imprudente. Por eso, mientras que en las dos primeras temporadas, Noah y Allison desvelan los entresijos de su relación y de la muerte de Scott Lockhart, en la segunda Helen y Cole, las ex parejas que sobreviven al idilio, cuentan su propia versión de los hechos mientras se suceden las sesiones del juicio por el homicidio. Las historias se entrelazan magistralmente y cada episodio nos permite conocer poco a poco, los fragmentos de un relato incompleto y los detalles de la muerte de Scott.

En la tercera sabemos que Noah ha abandonado la prisión en la que cumplía condena por un delito que no ha cometido. Pero poco más. La temporada nos sumerge en el paranoico mundo de este escritor frustrado y “padre modélico” que, resumidamente, sufre manía persecutoria con un guardia de la prisión, interpretado por Brendan Fraser. Todos los capítulos en los que aparece son aberrantes, soporíferos, incoherentes y parece que el resto de personajes pululan sin rumbo en un relato que no dirige a ninguna parte. La coralidad, esencia de la serie, se ha perdido y solo importan Dominic West y George de la Jungla, en lo que parece el argumento de una peli muy mala de N. Shyamalan. Es tremendo.

2. Aparecen nuevos personajes que no vienen a cuento

Mientras que los guionistas dejan en un rincón aparcados a los protagonistas principales de la trama, van cobrando importancia otros que a nadie le importan. Por ejemplo Juliette. Si hay algo malo y destacable de esta entrega, es precisamente esta compañera francesa del trabajo de Noah, quien aparece de la nada y se convierte, de la noche a la mañana, en narradora de una historia en la que no tiene encaje.

Desde el primer momento se atisba su agravante relevancia, pues ya aparece su perspectiva en el primer capítulo. Pero pinta lo mismo en ‘The Affair’ que Brendan Fraser, su participación solo añade una visión de los hechos poco interesante y que no tiene ninguna relación con la trama principal. Para mayor ‘inri’, Juliette engaña a su marido enfermo de Alzheimer con Noah e intentan vendernos una nueva versión rocambolesca de infidelidad. ¿Otra más, Noah? EN FIN. ¿De verdad era necesario desperdiciar minutos en esto y dejar al margen las cosas que verdaderamente importan? Si intentaban colárnosla con el argumento “Tercera temporada, tercera mujer”, les ha salido el tiro bastante por la culata.

3. La ausencia de Cole, Allison y Helen

Cole y Allison intentan rehacer sus vidas como pueden (dentro del sufrimiento que aún les sigue provocando la muerte de su hijo Gabriel) y Helen sabotea-inexplicablemente- sus relaciones por recuperar a Noah. Mientras, este va paseando su grave trastorno mental por las camas de todo el reparto, sin que sus encuentros sexuales tengan mucho sentido. De Helen a Alison a Juliette, Noah va cayendo en el más profundo ridículo, protagonizando todo tipo de situaciones estúpidas, todo mientras los demás personajes se diluyen poco a poco en una trama incomprensible.

Se intuye que pese a Luisa (¿por qué deja de aparecer?), Cole y Allison podrán arreglar finalmente sus diferencias y Helen, también se recuperará. Sin embargo, la participación de los tres en esta temporada es muy escasa y sus escenas son las únicas que mantienen el interés del espectador, algo tan contradictorio como desesperanzador. Showtime y su manía de alargar las series, joder.

4. El capítulo 10 – La season finale

Los últimos episodios evidencian que ‘The Affair’ ha abusado de su particular recurso de intentar confundir al espectador. Toda la temporada gira en torno a una premisa: el intento de asesinato de Noah Solloway y la enfermiza obsesión que tiene con su compañero y guardia de la cárcel. Un coñazo supremo.

Muchas teorías conspiranoicas después, finalmente descubrimos que todo está en la mente de Noah y que los últimos años de su vida, su particular descenso a los infiernos, han acabado pasándole factura. Hasta el punto de que una noche de aburrimiento, ha decidido clavarse un cuchillo en el cuello mientras imaginaba el reflejo del omnipresente Fraser en la ventana. Toda la temporada ha girado en torno a un absurdo acontecimiento que nunca sucedió. Podemos perdonarlo -a duras penas- porque el penúltimo episodio parece abrir la puerta a una nueva faceta en la personalidad del escritor que todavía no conocíamos. No sólo es narcisista, paranoico y poco confiable sino que además, todo apunta a que, pese a que el no mató a Scott Lockhart, tampoco es del todo inocente. En algún punto de su vida indujo a su madre enferma a cometer suicidio. ¿Podría la cuarta temporada ahondar en este nuevo aspecto de Noah Solloway? Ya lo podía haber hecho ahorrándose toda la tercera, sin duda.

Al final todo queda en agua de borrajas. En la ‘Season finale’ vemos que la locura transitoria de Noah se ha curado sola con la fuerza del amor y los últimos momentos nos retrotraen al final de ‘Sexo en Nueva York’, mientras Noah pasea un amor  renovado y absurdo por Paris ajeno a todo lo demás.

A su manía persecutoria, al sexo violento que mantuvo con Helen, a un profundo trauma que le atormentaba y que ahora de repente se ha desvanecido, a su tormentosa relación con sus hijos. Un final totalmente abierto e incoherente que deja muchísimas cosas sin resolver y se centra en otras totalmente estúpidas. Los últimos momentos parecen de broma y son incoherentes con la tónica y la esencia de la serie, escupiendo en la cara y sin remordimiento a las temporadas anteriores. Todo es sobre Noah, Juliette y una nueva relación en construcción con unos hijos que diez minutos antes le odiaban. Y es imperdonable que en ningún momento volvamos a saber nada de nadie más.

De momento, la cuarta temporada ya ha sido confirmada. Y es verdad que todo vale en televisión a la hora de contar una historia, pero… ¿De qué sirve si no tienes nada que contar o podrías haber terminado en esta tercera dejándolo todo en alto? Más vale una retirada a tiempo que un sinsentido aberrante. Nunca te lo perdonaré, Showtime. Jamás.