Te quiero, te quiero.

Me separaban
60 kilómetros de ti
cuarenta y cinco minutos.

Revivo aquella llamada
donde no hicieron
falta ni una sola palabra.
Donde mi hermana mayor
sollozaba.

Minutos antes
lavándome la cara
pensé “aguanta”.

Lo siguiente que vino
fue dolor
lágrimas
náuseas
angustia
muerte.

Nos ocultan la sombra
debajo de una alfombra
y las ventanas bien cerradas
para que nadie diga nada.

Quiero abrir
tu muerte a la vida
quiero poner sobre la mesa
tus últimas sílabas.

La no permanencia
se puede tocar.

Tú amabas.
Amabas tanto
que lo diste todo.

Tus ojos
tiraban hilos.
Hilos finos de mar y arena.

Y alrededor estábamos
todos cosiendo
sin descanso
para vestirte.

No dejo de preguntarme
de dónde sacaste
la voz
para decirle
a mi madre
a tu esposa
“te quiero, te quiero”.

Fueron palabras para todos.

Al instante me respondo
yo que soy tan tú.

Fue el amor.
El amor
de toda una vida
entregada al amor.

Son tan importantes
las últimas palabras
que lo supiste enseguida,
incluso antes que nosotros.

Sabías que minutos después
ya no podrías pronunciarlas,
y nos las dejaste
para enseñarnos
una vez más
lo que significa amar.

Te quiero. Te quiero.

 

acojonante poema de Iris Almenara