Standstill, el peso de una guerra que ya terminó

Bueno, ya hemos llegado al fin de la noche. ¿Y ahora qué? ¿Qué de qué? Pues nada.

Y con la nada es como me dejas. En el año más raro de mi vida. Te vas con una sonrisa funesta, la del que sabe que ha hecho las cosas con la mayor coherencia, entrega y talento posible. Pero también con la sonrisa del que dice “A ver si nos vemos”.  Te vas y se atisba un cansancio. No sé si contigo mismo o conmigo. No soy yo, eres tú. O ambos.

Te conocí cuando trabajaba en la FNAC. No fue un flechazo, lo reconozco. Fue más bien como la típica que te cae bien y te parece guapa, pero que tenéis poco que ver. Hablabas de cosas que desconocía. Era 2007 y no tenía ni puta idea de lo que iba esto. Entonces yo tenía poca barba y pelazo. Lo contrario que ahora. Y tú hablabas de no rendirse.

La verdad es que no sé cuando llegó el enamoramiento. Estas cosas a veces pasan. El detonante puede ser en cualquier momento. 1, 2, 3…¡sol! Y hasta las trancas. Así hasta hoy, cuando ya llevábamos un tiempo sin vernos pero yo no tenía ni idea de que me ibas a hacer esto. Pero lo peor es que no puedo  enfadarme con alguien que lo ha dado todo.

Solo puedo darte las gracias y decirte que te estaré esperando.

Standstill

Foto: Standstill

Adiós, cuídate.