Si no te sale ardiendo de dentro

Si no te sale ardiendo de dentroCaminar con las tripas en la mano, hacia el sol de la plaza del pueblo y saludar a las señoras mayores que descansan lívidas en sus portales:
– ¿Qué tal?
– Pues ya ves hijo. Aquí, esperando la muerte.
Todos lo vieron salir, y todos comprendieron que ya sabía que lo iban a matar, y estaba tan azorado que no encontraba el camino de su casa.

El existencialismo existe desde que un niño se quedó vacío y aterrado al ponerse a pensar en el infinito; y cogió la mala costumbre de meterse entre el hueco que dejaban los dos sillones cuando su madre limpiaba el comedor en primavera, puestos así uno encima del otro, a modo de Tetris mal encajado, a reflexionar sobre la muerte.
Entonces todo vaciló. El mar cargó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para dejar que lloviera fuego. Todo mi ser se distendió y crispé la mano sobre el revólver.

“Cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.”
Hasta que, de repente, la nada despareció y el tiempo se quedó inmóvil, se encontraron los dos allí, suspendidos en el tiempo, y sintió que la tierra se movía y se alejaba bajo ellos.
– Hola, conejito
– Hola, inglés
– No soy inglés
– Sí –dijo ella-, lo eres. Eres mi inglés

Quizá al llegar a viejo aún piense en mi abuelo y le recuerde vigilante desde su atalaya, viendo como se apaga el día, perdiéndose entre los naranjos, imaginándose barcos atracando en la costa, y piense en mis pensamientos tal y como pudieron de hecho ser los suyos entonces.
Todo se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno…, el mundo está vacío y no tiene sentido. Todo se mueve en círculos. Lo que aparece debe desaparecer, y lo que nace debe morir. Todo pasa: el bien y el mal, la estupidez y la sabiduría, la belleza y la fealdad. Todo está vacío. Nada es verdad. Nada es importante.

La música siempre tuvo el refugio de las almas refulgentes, la guarida de los anhelos taimados, el escondite de los seres verdaderos al servicio de la existencia; llámese garito, festival o apartamento de tu amigo tunante.
Muchachas que prefieren bailar mientras escuchan Star Dust o When your man is going to put you down, y huelen despacio y dulcemente a perfume y a piel y a calor, se dejan besar cuando es tarde y alguien ha puesto The blues with a feeling y casi no se baila, solamente se está de pie, balanceándose, y todo es turbio y sucio y canalla y cada hombre quisiera arrancar esos corpiños tibios mientras las manos acarician una espalda y las muchachas tienen la boca entreabierta y se van dando al miedo delicioso y a la noche, entonces sube una trompeta poseyéndolas por todos los hombres, tomándolas con una sola frase caliente que las deja caer como una planta cortada entre los brazos de los compañeros, y hay una inmóvil carrera, un salto al aire de la noche, sobre la ciudad, hasta que un piano minucioso las devuelve a sí mismas, exhaustas y reconciliadas y todavía vírgenes hasta el sábado siguiente.

Tomarse un año sabático estudiando a Ernesto Sabato -hasta que estés preparado para salir en sábado-. El tiempo no cambiará la locura de las estrellas.
La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.

Yo una vez amé, aunque ya no recuerde cómo era.
Estábamos prácticamente solos allí, y estaba oscuro, y hacía frío y era muy tarde. Volví a besarla. Pero no en la frente, y no ligeramente. La cosa duró lo suyo. Cuando dejamos de besarnos, Jenny seguí agarrada a mis mangas.
– No me gusta nada -dijo
– ¿Cómo?
– Que no me gusta nada el hecho de que me guste.

En fin.
Un hombre escribe para expulsar todo el veneno que ha acumulado a causa de su forma de vida falsa. Trata de recuperar su inocencia, y, sin embargo, lo único que consigue (escribiendo) es inocular el mundo con el virus de su desilusión. Ningún hombre pondría palabra alguna por escrito, si tuviera el valor de vivir lo que cree.

 

*Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez *El extranjero de Camus *Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway *La Historia Interminable de Michael Ende *Rayuela de Cortázar *En el camino de Kerouac *Love Story de Erich Segal *Sexus de Henry Miller