“¿Te conozco?” le pregunta un chico. “Follaculos”, dice Phoebe Waller-Bridge mirando de forma diveritda a la cámara en una de las escenas de ‘Fleabag’. No tiene reparos en ser de lo más directa, sobre todo a la hora de poner en antecedentes al espectador. Antes de caer rendidos ante su naturalidad y su desparpajo, nos reímos descaradamente de la salida de pata de banco de esta inglesa a la que, de forma totalmente injusta, ha querido compararse con Lena Dunham y Bridget Jones. No es cierto, porque su frescura, originalidad y el feminismo que irradia por todos sus poros, son 100% Phoebe Waller-Bridge y de nadie más. Es única.

Hablo de ‘Fleabag’, una serie británica de la BBC3 y comprada por Amazon, que en el último año ha querido convertirse en el paradigma de las series feministas. Es una de las producciones más destacadas y mejor guionizadas que he visto en los últimos tiempos desde ‘Catastrophe’. Se trata de una comedia existencialista, sobre la crisis de los treinta, que no se queda en la superficie y ahonda en los problemas de esta antiheroína con nombre desconocido, ya que nunca se refieren a ella. Adicta al sexo, la vemos en sus relaciones familiares, sexuales y laborales.

‘Fleabag’ cuenta la historia de una Amelié de apariencia, bastante frustrada y algo psicópata, una treintañera poco empática, muy desequilibrada mentalmente y más salida que el pico de una plancha. “Yo sólo quiero que me folle”, dice frustrada sin perder nunca el contacto con el espectador, mientras la escena refleja un encuentro tórrido lento y bastante doloroso de ver con su novio. Un perrito faldero con el que rompe y siempre vuelve cuando necesita satisfacer su voraz e infantiloide hambre de sexo. El sexo, el instrumento de Phoebe para enfrentarse a su nueva vida como treintañera y a su fracaso. El baremo con el que medir su autoestima. Una vida en la que tendrá que lidiar con la muerte accidental y ridícula de su mejor amiga, un padre que pasa totalmente de ella, una hermana bastante estricta, una madrastra muy cabrona, un negocio que se cae a trozos, un ex novio hipersensible a la par que dependiente, amén de unos dispares compañeros sexuales.

Es personaje es una auténtica joya. Una genialidad. Se masturba viendo a Obama (al lado de su novio), se saca fotos de la vagina en su puesto de trabajo, trata a los hombres como a objetos desechables y alardea a todas horas de su constante necesidad de autosatisfacerse (nos recuerda un poco a Louis C.K). Vive en una burbuja de mentiras que van a explotar en cualquier momento, pero nunca pierde la sonrisa al dirigirse al espectador. Ya lo dicen: el humor es la mejor herramienta para enfrentarse a las desgracias de la vida. Es un retrato muy sincero de la mujer y realista. El contrapunto de las idílicas y perfectas mujeres de series tipo ‘Gossip Girl’ o ‘Pretty little liars’, que no cae en la grandilocuencia y exageración de los personajes de Dunham en ‘Girls’: bastante inverosímiles, antinaturales y forzados a veces. Un retrato amable y sincero que repara en gran medida el daño, que a la mujer en particular y a la sociedad en general, hizo Sarah Jessica Parker con ‘Sexo en Nueva York’. No nos engañemos, ésta es una auténtica libertina, Carrie no.

Fleabag

‘Fleabag’ divierte, porque todo el carisma que le falta a Hannah Horvath (Lena Dunham en “Girls”), le sobra a Phoebe. Porque es capaz de colocar a su protagonista en todo tipo de situaciones, aberrantes, pervertidas, macarras y egoístas, pero hacerte seguir amándola profundamente. Porque su humor negro e inteligente es maravilloso, pero también conmueve, por todo el trasfondo que tiene detrás. Por la delicadeza con que retrata las relaciones familiares y el conflicto interno de todos los personajes. Porque, pese a todo, es muy fácil sentirse representado en las situaciones que refleja. Más aún cuando la acompañamos a través de sus vivencias/enseñanzas vitales, mientras ella, cómplice en todo momento, nos guía y detalla cada momento, cada sensación, a través de sus guiños, comentarios y miradas a cámara.

Es una serie maravillosa, que en solo seis capítulos es capaz de evolucionar y reinventarse. Una genialidad, en definitiva, que yo devoré en una noche, y merece ser destacada como una de las mejores ‘dramedias’ de este 2016. Ojalá más personajes como éste y más series así en 2017. Falta nos hacen.