Aquí hay señoras detrás de cada seto,
una al lado de la otra
sentadas en sillas de playa
en círculos impenetrables
inexpugnables
impermeables
imposibles

como un cuadrado.

No se puede mear en este pueblo.
Todo está lleno de señoras en círculos.

Entre el contenedor amarillo de plásticos
y el contenedor de residuos orgánicos,
en ese reducto de oscuridad y olvido
también hay señoras sentadas en círculos.

Hay un círculo de viejas detrás de cada cosa.

Un círculo de señoras
dentro de otros círculos de señoras
como las órbitas amontonadas de cuerpos celestes.

Quiero mear.

Pero hay señoras sentadas en círculos mirándome.
Y hay señoras y señores que pasean sus perros persiguiendome.

Círculos que circundan círculos.

Un sin fin de señoras inodoras muy juntitas
una al lado de otra en sus cómodas sillas de playa.

Un sin fin de señores y señoras con sus perros de peluqueria
persiguiendome y persiguiéndose a ellos mismos persiguiendome.

Están las rotondas dando vueltas a las rotondas.

Sillas de playa devorándose unas a otras
señoras saliendo de las casas,
saliendo de las puertas,
saliendo de la ventanas,
millones de pequeños chihuahuas saliendo de sus bocas,
señores y señoras paseando a sus perros de peluqueria
siguiendo a los que siguen a los que me estaban siguiendo
como una cadena infinita de señores y señoras lamiendose el culo.

Doy vueltas huyendo en círculos
y me parece que las señoras se eleven del suelo
con sus sillas de playa girando en el aire.

Me momifican las correas de los perros
que, como los señores y señoras, corren en círculo
enredándose alrededor mío danzando como caníbales.

Todo el universo es un inmenso tiovivo.

Explosiona el silencio que precede los mundos.

Y yo me meo
me meo
me meo encima.

Me meo encima de la señora vieja más vieja de todas
que parió hasta la última silla de playa de este pueblo.
Me meo encima de todas las peluquerías caninas.
Me meo encima del encargado de recoger los contenedores
repletos de mierda empaquetada al vacio.

Me meo, lo suelto todo.
Señoras ahogándose en círculos
viendo caer a cámara lenta esa última gota,
la gota dividiéndose en mil gotas
una a una restallando contra el suelo.

Pis.

¡Piii i i i i i i i i i i i i i is s s s s s s s s s s sssS!

 

 

poema de Miki Garofalo