Aquel puto verano del 92

Todavía recuerdo mi primer festival, allá por el 92 en Worcester. Creo que ninguno de los asistentes había estado nunca en esa mierda de sitio, pero como no había nada en nuestras ciudades ese fin de semana, todos acudimos como moscas al ‘barro’ en busca de lo mismo: música, alcohol y tías. Recuerdo el año porque poco antes había muerto Freddy Mercury; menuda ‘locaza’, pero qué bueno era.

Esto de los conciertos en los festivales es como un montón de átomos que pasadas unas canciones, unos litros y unas rayas se acercan al núcleo irradiador que más les atrae. Y nosotros nos fuimos al mejor de todos…

Cada año tomamos Worcester como nuestro punto de reunión, cada año nos despedíamos prometiendo volver y nadie faltaba a la cita. No teníamos nuestros teléfonos, ni nuestras direcciones, y no hacía falta porque teníamos nuestra palabra. Eso antes valía, eso valía mucho.

El caso es que Worcester nos empezó a saber a poco y de vernos cada año pasamos a vernos todos los meses. Cada vez en un sitio, ya fuese la ciudad de uno o la de otro. Empezamos a ser amigos, lo que ahora los mongolos llaman ‘amis’, pero de verdad. Y ahí estaba nuestro núcleo, pasado un tiempo de entradas y salidas, el núcleo duro.

El primero era John. Este ya era amigo mío antes, era nuestro líder y catador oficial de drogas; a él no le gustaba que nos dieran mierdas, así que las probaba antes.

Estaba Mike, un tío de Bristol que fue de los primeros que conocí. Tenía ascendencia checa, pero era más británico que la Thatcher, muy pro-nacionalismo y anti-europeo. A veces se traía a otro amigo paisano suyo y con el que a veces hablaba en checo. ¡Si parecía que discutían!

Costal era quizás el más tranquilo de todos. Tranquilo en cuanto a carácter, porque no se perdía un encuentro. ¡Joder, si se cruzó media Inglaterra para irse a vivir a Bristol porque era donde estaba la mejor merca!

El pequeño Liam fue el último en llegar, pero con fuerza. Apenas entrado en la veintena, quería todo y mucho. Todos sabíamos que no llegaría a los 30, no le sentó bien la soltería.
Luego teníamos a Claus, James y Stanley que eran de la misma ciudad y tampoco se perdían una. Ninguno de los demás teníamos ni puta idea de cómo lo hacían para venir porque ninguno trabajaba en nada, o al menos en algo normal, así conocido. James era el amigo que todos tenemos que no sabe beber y se duerme y mea encima en cualquier lugar. En este caso podemos decir que las drogas le salvaron la vida. Porque al menos no bebía.

Jordan y Duncan eran los menos influyentes, estaban siempre ahí y hablaban poco. Nosotros mirábamos de vez en cuando y ahí estaban. El termómetro de Duncan era ver si estaba fumando, y si lo estaba haciendo es que iba jodido. En cuanto a Jordan era el típico amigo que dice sí a todo, pero luego nunca se apunta a nada.

Y sí, entre otras cosas en común, pues teníamos las drogas. En aquella época había muchas y de todos los colores, y nosotros las tomábamos todas.
Quedábamos, escuchábamos música y nos drogábamos. Cada vez más. A veces quedábamos y podías enterrar a un hobbit con lo que había en las mesas. Éramos algo así como El club de la lucha, solo que en vez de quedar para darnos de hostias quedábamos para darnos homenajes. Y lo cojonudo es que, quitando a los 3 de Derby que no sabíamos de que vivían, los demás teníamos trabajos estables y éramos respetados.

Era la juventud perfecta: trabajabas de lunes a viernes, bien afeitado y peinado en tu ciudad, y el fin de semana ibas a ponerte hasta el ojete al otro lado del país.

Al no existir la mierda de redes sociales de ahora, volvías el lunes a tu trabajo con una simple conjuntivitis y nadie sabía qué habías hecho, seguías siendo ese joven adorable y tímido. No solo en eso nos han matado mierdas como WhatsApp, ahora hablamos tanto diariamente y de tantas tonterías que cuando te ves no tienes nada que contarte. Pero daba igual, para nosotros vernos era la mayor alegría posible y hablábamos durante horas para ponernos jejejejeee (guiño) al día.

– ¿Que tal en el curro? – “Sniffff”

– ¿Qué tal con la chica esa? – “Pásame la jeringa”

– ¡¡¿Que te has comprado un carro?!! – “Vuelca”
Llegó un momento donde nos encerramos tanto en nosotros que no queríamos salir con nadie más. Teníamos “conocidos”, pero ningún amigo más. Mis amigos eran estos, los otros eran como un medicamento para pasar esa gripe, que era el tiempo hasta la próxima vez que nos viésemos. El puto placebo.

En los festivales ya no hablábamos con chicas, solo entre nosotros. Si alguno hablaba con una chica, la espantábamos. Definitivamente estábamos enganchados a muchas cosas, pero sobre todo a nosotros. ¿Nadie ha estado enganchado a un grupo de amigos? ¡Joder, hasta sentíamos celos!

Estas amistades y estas espirales solo las para una tragedia y en nuestro caso fueron dos. Y, como siempre desde Yoko, la protagonista es una mujer. En nuestro caso dos.

A Stanley se lo llevó Deena, una bella chica que vivía cerca de su pueblo. Stanley era el más calmado de todos, nunca probó las drogas y aun así nos aguantaba, se puede decir que lo suyo sí era de verdad amistad. Todos tenemos un colega raro que no bebe, no fuma o no se droga y aún así sale en las fotos. Ese era Stanley.

Y al otro se lo llevó otra chica con la que llevaba saliendo 4 años. Él era Liam y ella se llamaba Heroína. Una mañana nos despertamos en pleno camping y ahí estaba él, abrazado a ella, frío, blanco y con labios morados. No sabemos si tenía futuro, pero sí supimos que era una tremenda putada y un bofetón a nuestra línea jejejejejeje… (snif) de flotación del grupo. Un antes y un después, sin duda.

Fue nuestra última noche y la celebramos como Liam hubiera querido: nos comimos todo lo que había en la mesa, bailamos hasta el amanecer y cerramos el festival. Lo cerramos además como todas las veces anteriores, no follando. Liam estaría orgulloso.

Durante 25 años he estado sin saber de nadie y ocultando a mi mujer e hijos las marcas en brazos, piernas e incluso la cara de su marido y padre. Y de repente a un viejo como yo le llega una notificación del puto Facebook. Sí, eran ellos…
Un puto grupo de reencuentro. ¿Pero cómo te encuentra alguien a través de esta mierda? Esto es acojonante y a la vez maravilloso.

Así que nada, aquí estoy, montado en un puto tren camino de Manchester a un festival de no sé qué mierda de música de esa que escuchan ahora los críos, en lo que probablemente sea mi último viaje jejejejejejejejeeeejé a ver a estos. Voy con los mismos nervios que la primera vez y las mismas ganas que la última, con mi maleta llena de ilusiones, historias, sentimientos y otras muchas cosas (guiño-guiño).

Al final la vida son experiencias y risas y estos yonkis supieron darme tanto de lo uno como de lo otro. Ya os contaré más. O no.