¿Por qué vuelve el cassette a nuestras vidas?

– ¡Vuelve el cassette! ¿El cassette? ¿Hay algo más antiguo que los cassettes?

No, pero vuelven

¿Por qué?

No lo sé

En pleno apogeo de lo vintage y de la nostalgia indie nos empeñamos en revivir a dinosaurios que ya deberían haberse extinguido hace tiempo como Los del Río, Arévalo o el Nokia 3310. ¿Qué será lo próximo? ¿Sufrir rebobinando una cinta con un lápiz? ¿Esperar durante horas como un imbécil delante de una radio de doble pletina para grabar esa canción de OBK que tanto le gusta a la guapa de tu clase? Asúmelo, ya está casada, tienes 33 años y ella no te miró nunca a la cara.

Nos dejamos llevar por el romanticismo hacia lo analógico debido al cansancio de desplazar nuestros dedos índices por pantallas de fino cristal, de buscar ese match en Tinder que nos saque del sofá un sábado por la noche, o de esperar ese pedido de hamburguesas de 4 pisos que nos recuerda lo que somos, gordos decadentes que escribimos en webs para millenials, cuando lo más millenial que hicimos en los últimos años ha sido ver un video del Rubius para poder insultarle con conocimiento de causa.

En su momento volvimos al vinilo, y está bien. Es elegante, esconde libretos y portadas con fotos grandes y queda bien acumulando polvo en estanterías que dejaremos en herencia a nuestros hijos. La perfecta y oscura redondez de un vinilo es erótica y embriagante mientras gira, dulce cuando descansa y mira de frente. Sin embargo ahí estamos otra vez, escribiendo a bolígrafo el tracklist de esa cinta recopilatorio que con tanto cariño confeccionamos para alguien especial. Pensando en lo bien que sonarán todas esas canciones durante nuestro primer beso. O durante la primera cena en su casa, cocinando a cuatro manos o la primera noche juntos, entre sábanas de blanco satén y ventanas abiertas con el mar de fondo, y Kenny Gee toca con un saxofón imaginario toda su discografía encaramado a un árbol, vestido de trovador medieval. Pronto seréis esa pareja que manda felicitaciones de Navidad con un video gracioso, cantando un villancico, una frase cada uno, mezclado con fotos de su bebé y su perro vestidos igual. Las cintas no traen nada bueno. “Me encanta el aspecto que tienes todas las noches, Chandler Bing”. No seáis Janice, por favor. Somos una generación perdida, con las articulaciones ya desgastadas por cargar con walkmans, con los dedos quemados del rewind y del forward. Una generación que sueña con ser Rob Gordon sin darse cuenta de que ya lo es. Recuperemos la gramola. Modernos de Malasaña paseando gramolas en carritos de bebé. Eso si que sería un golpe de efecto, una vuelta de tuerca a la estupidez. Gramolas enormes, personalizadas con frases motivadoras y dibujos de Ricardo Cavolo. Gramolas de diseño. Escoliosis pop. Esa radio vieja que sacaba polvo en tu casa y tu madre regalaba a tu primo el especial que vive con tu tía y sigue siendo el nené con 43 años. Ahora esa radio cuesta 300 euros en Amazon. Y es líder de ventas. Bien. Os lo diré con una cassette variada pero no os va a gustar.