Lo que escribes no es poesía.

Me ha soltado el último ligue
del colega de un colega
mientras la gota de ketchup
resbalaba en su patata
hasta abajo del mentón.

No has medido un solo verso
como dicen en la escuela
– arte mayor, arte menor –
y las lineas se cortan a
media frase sin motivo
como prosa con exceso

de tecla Enter.

No es poesía.

Lo que recitas no es poesía.

Me advierte amable y sabiamente
un decano de la escena
curtido en mil noches grises
y brinda bebida en mano
por mi ingenuo porvenir.

Se columpia de verso en verso
sin siquiera vislumbrar rumbo.
No tiene colores,
ni lenguaje propio,
ni banderas.
No tiene voz.

No es poesía.

¿Lo que haces es poesía?

Pregunta una vez más mi madre
con cara de resignación
pensando qué habrá hecho mal
a lo largo de estos años
para que pierda el tiempo así.

Pero es que ni rima, hijo.
Con los textos tan bonitos
que me solías regalar…
Ya sabes que yo no entiendo,
pero… ¿podrías ser más normal?
Algún asonante de esos,
hablar en verso al menos…
¿Eso es poesía, verdad?

Perdido en la ciudad
saco a pasear las voces
pensando lo que dicen
y en el qué dirán.
Absorto,
y al borde de arrojar mi fe
por lo escrito y declamado
al margen del olvido,
la Verdad se mostró ante mí
con voz profunda y sobria.

La poesía existe y viaja en metro.

La mejor poeta de Valencia,
la mejor de este cutre país,
la mejor de este estúpido mundo,
la mejor de todo el jodido universo,
me ha mostrado el camino
con metrica,
rima,
destino claro,
i una veu en la nostra llengua.

He visto la luz,
con solo estos dos versos
octosilabos
consonantes:

– El destí d’aquest tranvía
es Maritim Serrería –

Tenían razón.

Me rindo.

 

poema (o no) de Andrés M. Mira