Pánico (no)práctico

Los pánicos no prácticos. Los que no te dejan pensar con claridad ante el menor indicio de que va a pasar otra vez. No sabes ni el qué, ni recuerdas muy bien cuando fue la primera vez. No sabes si naciste con él o en qué punto exacto llegó; sólo sabes que te acompaña desde hace tanto tiempo, que ya no sabes lo que es vivir sin estropear cada cosa por el miedo a perderla. Porque ese es el miedo. Miedo a perder. Miedo a que las cosas cambien, acompañado siempre de un profundo aburrimiento si no lo hacen. El miedo que me invade cada vez que la noto sonreír menos, el miedo de cuando hace dos días que no me da un beso, el miedo de cuando se levanta sin abrazarme antes de salir de la cama. El miedo a las cosas normales que a veces nos pasan a todos. El miedo a lo normal que me hace comportarme como una anormal. Hasta que me lo nota en los ojos. Me mira y sabe que mis pensamientos han vuelto a acelerarse y que estoy sufriendo por encima de mis posibilidades. Y creo que sabe que no puede hacer nada. Que tengo el mismo miedo a que me abandone como el que tengo a que se quede para siempre. Que no quiero sin ti pero contigo me transformo si estás del todo. Que no quiero que se vaya pero que, por favor, no me diga que se queda incondicionalmente. Que no sé dejar que me quieran y no soporto que me dejen de querer. Que los miedos, a temporadas, son más grandes que yo. Y más grandes que sus abrazos. Que mis pánicos no son tan prácticos si el único peligro del que me apartan es de la puta felicidad.