‘OT: El reencuentro’ y la nostalgia

Chenoa y Bisbal

(ALERTA: en este post hay más nostalgia que en todo lo que se haya escrito de la E.G.B, la Movida y de los tiempos en que ser mileurista era ser pobre. Luego no me digas que no te avisé.)

Empiezo a escribir esto mientras el aleatorio de la lista de OT que hice nada más volver de Barcelona me pone ‘Ave María’. En 2001 yo tenía once años y David Bisbal era mi favorito (de los chicos, de las chicas Chenoa, OBVIAMENTE). No lo recuerdo bien, pero probablemente mis primeros pósters fueron de su cara. Me encantaba verle cantar, bailar, disfrazarse de burbuja Freixenet, lo que fuese. Mi primer disco original fue ‘Corazón latino’, su debut, después de pedirlo tantas veces que no sé cómo no me echaron de casa por pesada. “Yo te lo grabo”, me decía mi padre (esto ya ha preescrito, ¿no?), y yo le decía que no, que lo quería original por las fotos. Por las fotos, tú. Y por supuesto, me encantaba la pareja que hacía con Chenoa. Su Laura. Porque sí, estaban Marcos y Eva, Lola y Pedro, Belén y Emilio, pero todo eso al final era ficción. David y Laura eran de verdad, se miraban de verdad, cantaban muy juntitos y eran adorables. Nos tenían a todos enamorados, y de repente, PUM, todo se fue a la mierda. Y yo, que siempre he sido, soy, y seré chenoísta, pues claro, le hice la cruz. Porque con once años estaba súper enamorada platónicamente de Bisbal, sí, pero Chenoa me flipaba sin todo el tema hormonal añadido. Me quedaba embobada mirándola: tan guapa, cantaba tan bien, tan segura de sí misma, tan borde, tan LA MEJOR. Y ahí es cuando fui fan de verdad de algo y de alguien por primera vez en mi vida.

Al acabar el programa salieron de gira y fue una locura: el Bernabeu en Madrid, el Sant Jordi en Barcelona, el Estadio Olímpico en Sevilla… pasaron por los recintos más grandes del país, pero en Zamora no teníamos de eso, así que mi madre, que odia conducir, cogió el coche y me llevó a Salamanca. Yo no me lo podía creer. Era mi primer concierto y estaba que me moría de los nervios. Me escribí con un pilot (¡UN PILOT!) los nombres de los 16 en los brazos porque POR SUPUESTO me los iban a ver desde el escenario, y me cogí los carteles de Multiópticas que daban en la puerta de Bisbal, Chenoa y Naím (porque a ver, tenía favoritos, pero Naím era TAN guapo) que luego estuvieron mucho tiempo en la pared de mi habitación. Tampoco es que recuerde mucho, sólo que salí emocionadísima por haber vivido eso en directo. Y de repente, en 2016, van y anuncian el concierto de ‘OT: El reencuentro’. Ok, Gestmusic, si querías que a toda una generación nos diese un infarto, lo conseguiste sin problema. Quince años después de toda aquella locura, se iban a reunir todos y volver a repetir aquello. Íbamos a volver a ver a Bustamente y Gisela cantar ‘Vivo por ella’, a bailar ‘Europe’s living a celebration’, a reivindicar que ‘Ellas’ de Alejandro Parreño es un temazo. Las entradas salieron a las 10:00 y a las 10:02 yo ya tenía la mía, con eso digo todo. Octubre se me hizo eterno. Vale, sí, con el tiempo mis gustos musicales habían ido por otros derroteros (y los tuyos probablemente también), pero volver a revivir todo aquello ha sido una pasada. Sinceramente, yo no sé si afinaron o no, o si sonó bien o no. Estaba bastante ocupada cantando a grito pelao’ todas las canciones, maldiciendo por no haber sido capaz aún, quince años después, de aprenderme la maldita coreografía de ‘Te quiero más’, o gritando con el beso de Manu Tenorio y Nuria Fergó. Pero sobre todo, muriendo y con la puta piel de gallina en ‘Escondidos’. No pudieron hacerlo mejor y más emocionante, y yo me sentí muy orgullosa de haberlos elegido como favoritos quince años atrás. Hay que tenerlos muy bien puestos para hacer lo que hicieron Bisbal y Chenoa (vale, sí, ella más, no puedo ser objetiva) y fue, sin duda, el momentazo de la noche.

OT

Y lo que parecía que iba a ser sólo un bonito reencuentro de algo que me gustaba mucho cuando era pequeña, ha resultado ser toda una catarsis emocional. Porque quince años después a nosotros también nos ha tocado madurar como les tocó a ellos. Con once años para mí sólo eran un grupo de chicos guapos que cantaban y que lo habían petado como nunca se había visto. Con dieciocho-veinte, eran gente que me había gustado mucho de pequeña, pero que ahora no molaban nada, muchos de ellos habían sido olvidados porque no triunfaron como triunfó Bisbal, qué guay que pongan ‘Dos hombres y un destino’ de fiesta, pero nada de lo que hace Bustamante ahora, por favor, que ya no es mi rollo, que ahora me creo soy GUAY. Pero menos mal que la subnormalidad no dura para siempre, y ahora con veintiséis años he sido capaz de reconocer todo lo que supuso aquello, tanto para ellos, como para el público, como para mí. Los tres documentales que se han emitido me han parecido brutales (en todos los sentidos: televisiva y emocionalmente). Joder, es que les cambió la vida de la noche a la mañana cuando sólo eran unos críos. Eran más pequeños de lo que somos nosotros ahora. ¿Qué hubieses hecho tú si con dieciocho años, como era el caso de Natalia, te meten en una academia y cuando sales eres una de las personas más famosas de España? Porque yo, aparte de morirme, no sé. Y cuentan que lo han pasado mal en muchos momentos, que vivir de lo que te gusta, incluso con una cadena de televisión, una productora y una discográfica detrás, no es tan fácil, que muchas veces tirar la toalla parecía la mejor opción y joder, ¿cómo no te vas a sentir identificado? ¿Quién no ha estado un día muy arriba y al día siguiente en la mierda? Y, obviamente, no hablo de fama. Tampoco hablo de música. Quince años después han resurgido los fans, pero también los haters. Ese snobismo musical asqueroso que te dice lo que te tiene que gustar, con qué te puedes emocionar y con qué no, porque AH, ellos tienen la sabiduría y la verdad. Decían en tuiter que esto no trata de música, sino de aprender del fracaso, de madurar y de estar orgulloso del pasado. Y no puedo estar más de acuerdo. El equilibrio vital que todos ellos cuentan que han conseguido me parece lo más importante y destacable de los documentales. Y creo que nos han dado una lección a todos. Que no sepamos que Mireia tiene proyecto teatral propio, o que Geno ha abierto una academia, o que Alejandro Parreño sigue cantando con su grupo, no quiere decir que no esté pasando. No todos podían vender millones de discos. Era imposible que de OT saliesen dieciséis carreras musicales imparables que les llevasen a cantar por todo el mundo. Y sí, todos nos hemos reído de esto, es así. Nos hemos creído que son personajes que no han hecho nada más con su vida en los últimos diez/doce años, pero de repente llega Javián, del que hacía una década que no sabías nada, y te dice que con el dinero de OT ha podido montar su negocio, darle de comer a su familia cada día y seguir cantando, y nos calla a todos la puta boca. “Para mí el éxito es que yo me pueda tomar una tapa con el dinero que gano gracias a la música”, dijo en el documental. Pues mira, sí.