Orgullo y prejuicio

La semana pasada se celebraron las fiestas del orgullo GAY. Se cumplen 11 años de la votación que hizo que nuestro país celebrara, a pesar de algunos, un día de Orgullo de verdad para todos.

Y no solo GAY. Del orgullo y la admiración de todos. Por fin tanta lucha de tanta gente, tantos llantos, tantas hostias recibidas y tantas humillaciones tenían un punto y aparte -nunca final, porque queda camino-.

Por fin nuestro país fue pionero en algo envidiable, en algo que sí hacía que salieras a la calle y dijeras “sí, soy español, ese país que ha sido el tercero en reconocer y legalizar que los derechos no se miden en función del sexo de la otra mitad de tu colchón”, porque detalles y avances como estos son los que hacen sentirte orgulloso de un sitio, no sólo de Eurocopas, Mundiales o Eurovisiones (bueno, de esto último ya ni nos acordamos).

No sé vosotros pero yo cuando he ido a las celebraciones del día del Orgullo lo que veo siempre es personas y más personas. No veo otra cosa más que hombres y mujeres reivindicando unos derechos y, sobretodo, recordando que esto no acaba aquí.

Desde el año pasado vemos cómo las instituciones -no todas- se vuelcan con esta reivindicación como no se recordaba. Cabe recordar que un cargo electo es para todos. Aún con todo y tras muchos años de deterioro o arrinconamiento, la semana del Orgullo GAY vuelve por sus fueros.

Seguro que estos días habéis escuchado o leído estos clasicazos:

Orgullo GAY selectivo

“A mí me parece bien que desfilen y tal, pero los GAYS, los otros que son como locazas no”

Ole, ole y ole tú. Acepto tu condición sexual, pero la acepto como yo quiero. ¿No os recuerda a alguien? Un poco como el amigo del borracho de la arbolada.

Orgullo para todos

“Yo no tengo día del Orgullo heterosexual, no le veo sentido a que ellos sí”

De acuerdo con él totalmente, pero sólo le pondré una condición: el día que un padre castigue o maltrate a su hijo a la voz de “eres un puto heterosexual”, el día que en los institutos marginen a chavales y chavalas por ser “unos heterosexuales de mierda”, el día que esté penado con hasta la muerte el acostarse con personas de distinto sexo o incluso el día que unos padres digan “prefiero una hija deforme a una hija heterosexual”, en ese momento deberíamos salir a la calle el día del Orgullo Heterosexual.

Yo no soy gay, pero sí siento admiración y orgullo por la gente que lucha por causas que creen justas, por causas que yo creo justas y también siento admiración y orgullo porque España vuelva a ser un poco más de todas y todos.

Y cómo no un recuerdo emocionado a alguien directamente responsable de que hoy seamos más libres

Pedro Zerolo