Que ella sólo puede ser
lo que vosotros le hacéis
creando un mundo de lobos de ojos rojos
acechándolo todo
y queriendo más y más
para retozar como cerdos en el lodo
sudando mocos infectados de pus
por quedaros con la primera impresión
y no darle un par de vueltas antes de generalizar
y darle una explicación tan pésima a todo.

No le echéis la culpa a la lengua,
de vuestros actos impuros,
la herencia
el neutro ese que hubo
las cagadas perpetuadas
y de vuestra vagannnncia jodiendo todas las palabras
y un poco de aleatoriedad,
dicha sea la verdad del asunto.

No le echéis la culpa,
porque la vida, la astucia, la muerte, la lluvia,
la elegancia, la inteligencia, la belleza,
la gracia, la picaresca, la erótica ¡LA MÚSICA!
la tierra, la nieve, la rabia, la birra, la mistela, la cazalla,
la fama, la aorta, la huerta, l’estaca,
las piedras, las plantas, constelaciones
la guerra, las drogas, la luna, la risa
Gloria, Agatha, las musas, la naturaleza,
la primavera,
la arena de la playa mojada de las aguas dándote la brisa en la cara
y también concretamente tus bragas,
se sentirán ofendidas,
por no pareceros lo bastante molonas
como para no centrarse en cosas más importantes
dentro de la misma lucha necesaria.

No le echéis la culpa a la lengua.
Ya madurará
cuando cambiéis vosotros,
cambiará,
como le habéis hecho siempre,
como sé que lo conseguiréis paulatinamente.
Dejad a la lengua en paz
y dadle el molde pertinente
de vuestra futura y brillante sociedad
que por fin entiende,
pasito a pasito, no más,
que lo anterior
era una aberración del Señor
que estaba en primaria
y por fin está en primero de universidad.
Tiempo al tiempo,
dijo alguien.
Seguid luchando,
pero dejad a la lengua en paz.


Gabriela Pavinski