Mudarse a Lost

Los odiaba. Y odiaba el amor puro que se tenían. Me producían una mezcla de rechazo y repelús. Eran como la tercera Guerra Mundial. Como Vietnam en los 70. Como la Ruta del Bakalao en los 80. Una catástrofe humanitaria.

Hablo de esas parejas perfectas e intensitas. Viviendo entre hashtags y selfies. Como unos John Lennon y Yoko Ono Premium. Los miraba y me caían mal. Había visto desaparecer decenas de amigos en esa batalla. Un día los tenías a tu lado, haciendo maldades nocturnas, pero conocían al amor de su vida y… desaparecían. Como si el humo negro los envolviera y los transportara a la isla de Lost.

Mudarse a Lost

Sus comentarios moñas que encerraban bromas y referencias privadas, seguramente geniales y brillantes, eran leídos con miradas de desprecio y aburrimiento. Tener cerca a personas con esas relaciones me hacía sentir como a Matt Damon en ‘The Martian’. Es decir, en otro puto planeta. “Hasta la polla de frases de Mr. Wonderful”, pensaba continuamente.

Yo era feliz con mi tardo-adolescencia, mi ciego semanal de Jager y pizza, mis ocho festivales anuales y viendo ‘La Sexta Noche‘ cuando no tenía ganas de jarana. “Esto es la vida, tener libertad para echarme en el FIFA un Éibar-Getafe a las tres de la mañana de un viernes”. Era como si diese unas lecciones vitales a esas parejas azucaradas que vivían en una canción bonita del primer disco de Zahara.

Pero algo sucedió: me enamoré hasta las trancas. Como le pasó a Michael Corleone cuando ve a Apollonia. Como le pasó a Felicity Jones con el chico que diseña sillas en ‘Like crazy‘.  Fue ahí cuando el humo negro me atrapó en un descuido.

Y me mudé a la isla de Lost. Un mundo absolutamente desconocido. Un mundo donde no sabes colgar el teléfono. Un mundo dominado por noches de viernes con cena del chino para dos, película y manta. Un mundo donde dices que “no” al Low, al Ebrovisión o al SOS.

Y lo asumes. Aceptas tu nuevo status. Entiendes a John y Yoko y las canciones moñas de Sidonie. Ya no sabes pensar si no es por dos y tu “yo” ha sido sustituido por un “ella”.

Bienvenido a la isla de Lost, de donde no querrás salir.