Los santos son esa gente que destacaron en su paso por la vida terrenal de manera digamos más especial que el resto, no en plan Alt J o algún concursante de OT sino en plan cristiano, pero cristiano a tope, no solo creyente sino que molas tanto que haces milagros. Cuando por fin te vas a conocer a Yisus in person aquí abajo se inicia el proceso canónico previa solicitud, es decir, que además de ser siervo de Dios tienes que ser popular, tener fans, “followers” que vayan a la Iglesia a dar fe de tu vida y obra. “Era un bendito” “De tan bueno que era, era tonto” “A mí siempre me daba los buenos días” Y así. Pero no basta con que estuvieras muy bien considerado, se ha de acreditar algún milagro, una comisión de expertos se dedica a analizar exhaustivamente la documentación aportada que corrobore la existencia de dicho milagro, que no quepa ninguna duda de que dicho milagro aconteció, vamos ir preguntando por ahí a la gente. Si se certifica el milagro pasas a beato, a un paso de ser santo. Solo necesitas la certificación de otro milagro, y ya lo tienes.

En el caso del santo Vicent Ferrer, que vivió a caballo del siglo XIV y XV en Valencia se le atribuyen 860 milagros, todo un milagrero, era más heavy que Gandalf el tío. Y este que os contamos a continuación es uno muy destacado que además figura en una placa y en un cuadro en el museo de Bellas Artes de Valencia:

La leyenda dice que en el año 1414 San Vicente se alojó en una casa de Morella en su viaje para reunirse con el papa Benedicto XIII (Papa Luna) y el rey Fernando I para hablar del final del Cisma de Occidente. La mujer de la casa donde iba a alojarse el santo, preocupada por no tener nada que ofrecerle para comer preguntó a su marido qué podía preparar de comida al santo. El marido le contestó que lo mejor que encontrara. La mujer, enloquecida, pensó que lo mejor y más preciado era su amado y único hijo. A lo que, en su ataque de locura y en ausencia del marido, mató a su propio hijo de seis meses y lo guisó, como si fuera un cordero, para ofrecérselo a San Vicente. Incluso, para probar si el asado estaba en su punto, la madre arrancó un dedo de su hijo.

Cuando se disponían a comer, el santo se dio cuenta de lo sucedido y, cogiendo los trozos del niño, en medio de sus plegarias, los juntó de nuevo y le resucitó, devolviéndoselo sano a sus padres, aunque eso sí, sin el dedo que la madre le había arrancado.

Esa pobre mujer que no tenía con qué obsequiar al entonces dominico valenciano y se tomó al pie de la letra las palabras de su marido: pues cocino a mi bebé, qué mejor, seguro que sale rico y el señor Vicente lo sabrá apreciar. A mí me pasa a veces que no sé que prepararme y busco ideas en blogs de youtube, claro en aquel entonces no tenían internet y tenían que apañarse con lo que había para sorprender a un santo. Imagínate tú, te viene a casa Alt J a cenar o Mariano Rajoy. ¿Qué haces?

Otro día hablaremos de más cositas de santos porque dan para varias temporadas de Netflix.