Me río en tu cara

VargasLlosa

Revista Mongolia – Abril

La noche arranca entre amigos y cervezas callejeras, capitaneada por uno felizmente borracho que está ofreciendo un clínic al nivel de Carlos Lozano en Gran Hermano VIP. Mientras nuestro colega ebrio sigue con su recital, manoseando y tocando pelos, un ciego (de vista) se aproxima andando por la acera. Es en ese momento cuando otro de los amigos (el más lúcido, según como se mire) se crece y suelta su chiste:

– Mira José Manuel, uno que va más ciego que tú.

Algunos se ríen. Otros no lo entienden, tardan. Ahora sí. Hay miradas, gestos, movimientos de cabeza y cruces de palabras bastante leves. Todos van borrachos, recuerden, pero hay un runrún de que algo no funciona. ¿Bien? ¿Ha sido de mal gusto? ¿Aceptable? ¿Ofensivo? El afectado directo por la supuesta ofensa no lo ha escuchado, aunque tampoco importaría. Entonces, ¿le quemamos? A nuestro colega, digo. Bueno pues hay muchas opciones, aunque ya adelantamos que la postura es: todo correcto, pero un 5 como chiste. Muy trillado (y malo).

El caso es que Agustín, el autor de la broma, acudió a las cervezas del sábado tras haber disfrutado con una charla de Edu Galán y Darío Adanti, dos de los cerebros de Revista Mongolia. En una jornada llamada ‘InCultura Fest’ que organizó la Revista Verlanga, los dos genios hicieron una reflexión sobre los límites del humor. Llamarlo reflexión es quedarnos cortos, porque fue un puto recital sobre la comedia y la sociedad, valga la redundancia. Para ilustrar al público sobre la diferencia entre hacer sátira o drama, y cómo los diferentes colectivos (la culpa siempre de ellos, fin de la cita) reaccionan frente al humor negro, ambos utilizaron una tabla con las cosas sobre las que SÍ te puedes reír en este país y las que NO. 

Edu_Dario_Mongolia

Fotografía de Pilar Alberola

Exacto amigas y amigos, en España te puedes reír de los gordos, los alcohólicos, la malaria, bronquitis, los accidentes o cardiopatías, pero no del cáncer, la anorexia, el Alzheimer, la violencia de género o las víctimas del terrorismo. Tal vez mucha gente esté de acuerdo con la tabla, no se debe hacer humor con esos temas pero… ¿por qué? La cantidad de muertes por el lado del SÍ es infinitamente superior a la tabla del NO. Dicho lo cual, ¿tenemos un problema social? ¿Hay chistes que sólo son ‘aceptables’ en un determinado momento, entorno y época? ¿Ya se pueden hacer sobre el holocausto, de negros, enanos o de Palestina? ¿Y de ‘mariquitas’, como reclaman Arévalo o Bertín Osborne? En los últimos meses hemos visto ‘grandes ofensas nacionales’ que han terminado en juzgados e incluso en detenciones (casos como el de Guillermo Zapata por sus chistes y el de los famosos titiriteros, respectivamente). Tampoco vamos a incidir más sobre estos dos sucesos, porque confío en que todo el mundo esté al día y porque la cuestión es la siguiente: ¿tienen que haber límites para el humor? ¿Existen para el drama?

En general, el argumento más extendido para determinar que un chiste no es apropiado viene con la coletilla “demasiado pronto”. Durante la charla Edu y Darío hicieron mención al cómico Gilbert Gottfried, quien hizo el primer chiste televisado pocas semanas después del 11-S en el canal Comedy Central, explicando que no había podido tomar el primer vuelo “porque me dijeron que hacía escala en el Empire State”. Por lo visto, Gottfried recibió una serie de abucheos y le gritaron el clásico “demasiado pronto”. Sin embargo y para entender nuestra postura, diremos que una película dramática sobre este atentado terrorista, aunque tenga miles de inexactitudes y no sea totalmente honesta, siempre va a recibir el beneplácito del público con mayor facilidad. Entonces, ¿el problema es que el humor de este tiempo siempre es políticamente incorrecto?

Pues sí, pero ya estoy hasta las narices de lo correcto y sus defensores. Pronto no nos quedará nada para reírnos, todo el mundo se ofenderá, molestará y entrará en cólera por una broma, porque algo no estará bien según ellos. Y una mierda. Es muy fácil, no sabemos reírnos de nosotros mismos y todo nos ofende, pero el problema es que la comedia es subversión. La risa es irreprimible, es catarsis y, por lo general, el humor suele tener prisa. Un nuevo imputado por corrupción, chiste. Un accidente por culpa del alcohol, broma. Deportistas a los que le hacen guiñoles, un nuevo caso de violencia machista, refugiados en condiciones infrahumanas y otro personaje famoso con Alzheimer. ¿Hacemos humor? ¿Hay que compensarlo con otras acciones? ¿Ponerlo en contexto? ¿“Demasiado pronto” para todo?

Sí, puede que el debate sea extenso e incluso en algunos momentos llego a dudar de mi propia teoría, de mi forma de afrontar el humor en la vida. Sin embargo, creo que lo mejor es recuperar este famoso monólogo de Louis CK sobre el racismo y los abusadores de menores. ¿De qué nos podemos reír? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¡Fuera límites…. ojalá!