El mañaneo es el nuevo salir

La llegada del verano trae muchos cambios. Los días son más largos, suben las temperaturas, la ropa se acorta y uno empieza a ver más cerca las ansiadas vacaciones. Curiosamente, también afecta al idioma, como un síntoma más de la sociedad ante estos cambios, que comienza a hablar con la terminación -eo cuando se hace referencia a alguna acción, normalmente de carácter social, y que servía para dar parte de la misma en las redes sociales. Esto es, que uno no se va de birras o a tomar una cerveza, se va de cerveceo. Y si además pedías algo de comer es que te vas de tapeo. Pero, si además te lo tomabas todo en una terraza, bastante normal siendo verano, es que vas de terraceo. En cambio si todo esto lo haces con tus amigos es que te ibas de colegueo.

De esta nueva vorágine lingüística que está a punto de llegar, existe una palabra que ha conseguido asentarse fuera de este lenguaje estacional, y que ha conquistado nuestros corazoncitos. Se trata del mañaneo. El mañaneo, como el nombre indica, se sucede por la mañana, cuando acaba la madrugada y la mayoría de los garitos cierran. Debido al intempestivo horario de salida que tenemos los españoles, suele suceder que a uno se le hagan las tantas de la madrugada, y todavía tenga cuerpo para más. Sin embargo, aunque tu cuerpo te pida más, sabes que la noche ya ha acabado, y las normas del juego cambian. Este nuevo periodo de tiempo, que para la mayoría le puede parecer el momento de ir a dormir por obligación, es sin embargo un nuevo mundo lleno de oportunidades que la gente no termina de saber apreciar. Como ya hemos dicho, el mañaneo se sucede cuando ya acaba la noche, y esto supone diferentes cambios que hacen más atractivo apurar dichas horas despiertos.

Para empezar, la mayoría de los garitos cierran. Esto supone un hecho importante, y es que las opciones donde pasar el tiempo se reducen drásticamente. Así, agruparemos dichas opciones en cuatro grupos bien diferenciados:

1.    Casa de alguien: Probablemente la primera opción de todo aquél que decida ir de mañaneo sea acabar en la casa de alguien, ya sea conocido o no. No os equivoquéis, ligar no es irse de mañaneo, así que eso no cuenta. Normalmente uno se va a casa de alguien porque es la opción más cómoda y además puede acabar allí por fin la noche (o día o lo que sea) sin moverse a otro sitio. Ir a casa de alguien tiene otras ventajas, como ahorrarse el dinero de ir a algún sitio de pago o beber las copas que pudieran quedar al empezar la noche. Sin embargo la principal razón para ir a casa de alguien es cocinar. Las recetas de cocina que salen a esas horas del día son, en su gran mayoría, el mejor plato de la semana. Independientemente del plato que sea, los ingredientes que se hayan utilizado o la forma de elaboración, ese plato va a saber a gloria. Y ese plato bien vale aguantar unas horas más.

2.    Un after: El after es la segunda opción más sencilla de la lista. Simplemente es continuar la noche pero en otro garito (eso sí, mucho más marronero, lo cual no es per se malo, si no que puede ser interesante y divertido), así que la complicación de dicha opción radica en llegar a un after y pagar la entrada. Parece tarea sencilla, pero elegir un garito decente a esas horas puede ser la mayor búsqueda del tesoro al que te tengas que enfrentar, y apostar por un más que posible antro con gente muy marronera, o no. Porque si tú, que eres una persona más o menos normal, acabas en un sitio así es porque habrá gente tan más o menos normal como tú que probablemente acabará allí (#jej). Es por ello que en estos curiosos lugares puedes encontrar gente muchísimo más interesante que la mayoría de la gente de la discoteca que habrás cerrado, así que no infravalores un buen after. En definitiva, la opción más factible si te ha sabido de poco la noche y te has quedado con ganas de más.

3.    Un bar: Ir a un bar puede que sea la opción más atractiva para ir de mañaneo. Las razones son simples, uno después de haber salido toda la noche tiene un agotamiento físico notable, por lo que sentarse en una silla es algo que parece tan obvio como necesario a esas horas. Además el bar tiene un amplio abanico de bebidas y comidas que no puedes encontrar en el resto de opciones. Aquello que se te antoje lo tienes a un simple camarero, por favor de distancia, ya sea dulce o salado, cerveza, alcohol o incluso un Cola-Cao. Pero el bar tiene su principal atractivo en el hecho de ser (vaya) un bar. El bar (bar, pub, cafetería o similar) siempre ha sido el centro neurálgico de la juventud. Todo el mundo tiene un bar de confianza con el que quedar con la gente de siempre. Cómo en cualquier serie (sobre todo sit-com) que se precie, el bar de siempre es algo más que un punto de encuentro, es el santuario para cualquier grupo de amigos donde se realiza el mayor tiempo de vida social. Es el campamento base, el sitio donde ir si no es tu casa o el trabajo/clase, es TU garito. Así, este sentimiento de apego a los bares es por los que uno, al finalizar la noche, se puede encontrar debatiendo sobre cualquier tema de mayor o menor interés o importancia de forma tranquila y amistosa. Por que es en el bar donde uno, al final, se siente como en casa.

4.    Hacer turismo: Probablemente la opción más interesante de todas. El mañaneo es el momento idóneo para conocer esa ciudad a la que has ido a pasar unos días, pero sobre todo es el mejor momento para conocer tu propia ciudad. No nos engañemos, no vas a ir a ningún museo ni exposición ni nada por el estilo (o sí, quién sabe), pero sí es una gran oportunidad para callejear por la ciudad. Pasear tranquilamente a primeras horas de la mañana, por el centro de la ciudad y con unas pocas almas en la calle es una forma desconocida por muchos de descubrir (o redescubrir) el encanto que la ciudad encierra en si misma. Es una ocasión única de pasar por esas calles que nunca te habías parado a contemplar, a descubrir los recovecos de ese barrio que a todo el mundo le encanta y encontrarte con sorpresas que nunca hubieras esperado. Además que puedes encontrarte comercios o bares que nunca habías prestado atención o no conocías y en los que podrás poder tomarte esa caña fresquita a media mañana mientras ves como los domingos por la mañana la ciudad tiene una vida única que nunca hubieras dicho que podría existir.

Otro de los aspectos a tener en cuenta para ir de mañaneo es justamente esta vida desconocida que la ciudad tiene los fines de semana por la mañana. Y es que las mañanas encierran muchas sorpresas que uno nunca puede haberse percatado o conocido al habérselas pasado durmiendo la mayoría de las veces. No es complicado encontrarse, por casualidad la mayoría de las veces, diferentes opciones que realizar durante las mañanas. Desde mercadillos, rastros, exposiciones al aire libre, carreras populares (no, no te aconsejo que la corras, tranquilo), conciertos y cualquier otro tipo de evento que incluso nunca hubieras pensado. Son las ciudades, sobre todo las grandes urbes, un elenco de posibilidades más o menos sorprendentes que uno no debería perderse, y que aunando las fuerzas que uno le quedan (o tomando un par de birras de repostaje) puede descubrir un mundo desconocido.

Ahora bien, también hay que conocer las circunstancias que se desarrollan durante la mañana. Familias, gente mayor, y turistas son el principal público que encontrarás por la mañana, de forma que recuerda que las normas del juego han cambiado. Uno ya no está saliendo, está de mañaneo, y eso comporta una responsabilidad a tener en cuenta. No quiere decir que uno deba de convertirse en su padre, nada que ver, pero hay que entender que las reglas son diferentes. Sin embargo, este nuevo juego es una nueva (y divertida) posibilidad para que uno pueda continuar en el estado que se encuentre de forma que pase desapercibido entre la gente. Es por ello que el grupo debe de estar más atento que nunca a que ninguno de sus integrantes quede en fuera de juego, por lo que el trabajo en equipo adquiere una importancia mayor que durante la noche.

Porque sí, sólo aquellos que sobreviven a la noche sin caer entre el alcohol, los hombres, las mujeres o el sueño son los que realmente saben de qué sirve salir por la noche. El mañaneo es probablemente el momento que más una entre amigos o desconocidos, pues uno traspasa el estado de embriaguez (mayor o menor según cada uno) hasta un nuevo estado de lucidez ebria, en el que uno mantiene ese estado para poder adoptar lo mejor de ambos estados. En esta lucidez ebria uno adquiere la capacidad para estar completamente atento a lo que sucede a su alrededor pero también mantiene el poder de abstracción que el alcohol causa en el entendimiento. Por ello, en esta dualidad se compaginan de  forma sorprendente ambas capacidades dando así este estado único y maravilloso. Y es en este estado cuando uno es capaz de debatir sobre cualquier tema, ya sea más o menos importante o más o menos trascendente, de poder admirar la belleza de una ciudad que despierta, o de poder dar sentido a realizar cualquier acción que horas antes hubieras tildado de imposible. Es en ese estado en el que uno se da realmente cuenta de que los problemas son simplemente problemas, pero que menos la muerte todo tiene solución. Es en ese momento en el que uno reflexiona sobre todo aquello que le rodea y, sin embargo, no saca ninguna conclusión, pues las cosas importantes se discuten con la almohada. Es en ese estado en el que uno debate sobre todo aquello que sucede, desde lo más importante a lo menos trascendental y soluciona los problemas del mundo en unas pocas cervezas. Es en ese momento en el que uno se convierte en alguien capaz de sacar a este país de la crisis, ganar la Champions, la Liga y la Eurocopa, dar clases magistrales de arte, decidir cual es definitivamente el mejor grupo de la historia y en el que uno al final se decanta entre #teamcap o #teamironman.

Pero, sobre todo, el mañaneo va sobre el grupo. Es ese momento en el que uno se da cuenta de quien le rodea, sea quien sea, y la única discusión real que existe es la decidir quién paga la siguiente ronda. Es la de apreciar cada momento de la noche ya pasada y quedarte al final con esos momentos que has pasado con aquellos que se sientan en tu misma mesa. Es la de reconstruir la noche con los recuerdos de cada uno y soltar una sonora carcajada al darse cuenta que todavía faltan piezas. Es la de meterse con todos los que han ido cayendo a lo largo de la noche, y sobre todo con los que hayan ligado. Porque salir no se sale para emborracharse ni para ligar ni para ir al garito de moda de turno. Salir se sale para ir de mañaneoY de esta forma, salir ya no deja de ser lo que uno espera durante toda la semana, si no que es un trámite para poder llegar al mejor momento de la semana, cuando el sol empieza a despuntar entre los edificios y la calle adopta ese tono azulado tan característico. Y es que salir es la única obligación que se necesita para ir de mañaneo. Una vez cierre el garito, la ciudad es tuya.

Así, la próxima vez que salgas y tu cama venga a tu mente, piensa en esa estupenda ciudad que te espera. Piensa en lo bien que sabe el último gin-tonic mientras amanece. Piensa en el paseo que se sucede mientras andas, sin rumbo o no, mientras la ciudad se despierta con tus pasos. Piensa en que el mejor vermouth es el de la media mañana, mientras algún pobre amigo que no pudo salir ayer acaba de llegar a esta quedada improvisada. Piensa en esa cervecita junto con el periódico del domingo. Y piensa en la sonrisa con la que llegas a casa, esa sonrisa de saber que de verdad te ha cundido la noche. Pero, sobre todo, y por encima de todas las cosas, piensa en cómo acordarte de coger las gafas de sol la próxima vez. Que no se te vuelvan a olvidar.