Llego al sábado con una desgana que es como no sé, eso, no tengo ganas. Hace meses que me compraron la entrada porque es una oportunidad única, legendaria, para reunirnos otra vez. Otra vez los cuatro. Los jinetes del apocalipsis. Pfff. Aquella época ya pasó. Hay que vivir el aquí y el ahora. Aunque también es cierto que si el aquí y ahora es una puta mierda… Pero bueno, el plan estaba armado y como nunca digo no.

A las 11 me recogían en la puerta de casa.

cagando

Bajo la basura, me monto en el coche y nos vamos camino de Cullera a almorzar en el Mar Salà. De camino Pere no lleva nada de música remember y Joaquín no para de hablar de la ilusión que le hace lo de hoy, que ojalá pongan esta canción o aquella otra. Todas canciones del 2000 pero bueno, nadie le corrige.

Al llegar a este restaurante al lado de las dunas y de una urbanización costera de estas que se llenan de guiris, Ximet está allí con cara de llevar un buen rato esperando. “Oye antes que nada vamos a hacernos una cazalla ¿no?” Tienen Ferri. “La mejor es la Cerveró” “Eso son tonterías, son todas iguales” “No, no, de eso nada” En La Safor, para quien no lo sepa, esto va así, te calzas una cazalla antes de almorzar o de cenar como algo social y perentorio. Lo ideal es que saquen la comida cuanto antes porque sino la gente se calienta y el anís seco acaba volando por los aires y entrando a chorro por las gargantas de los comensales. No miento. Pero aquí, en este sitio en el que nos encontramos, nos atiendenden con una caballerosidad, una amabilidad, un calor humano, un trato… Y en seguida comienzan a salir platos. Allí nos dan a elegir con el menú de 11 euros por cabeza como principal entre calamares de playa, carne de caballo o una tercera cosa que no me acuerdo. Elegimos la primera. A mí se me abren los ojos como a un emoji: pan con aceite y pimentón, titaina, albóndigas, all i pebre, habas con tomate, gamba amb bleda, … todo jodidamente delicioso; y por último una paella con los calamares. Para terminar un cremaet en la parte de fuera, al lado de las dunas, para que yo me pueda fumar un cigarrillo aliñado sin que me llamen la atención. Charlamos un rato Ximet y yo sobre la época de la Ruta, Carlos Simó, Fran Lenaers, esta gente resulta que son colegas suyos. Siempre nos quejamos de que Valencia haya estado en la vanguardia y que aún hoy se desprecie aquella época como algo decadente y lo peor de todo es que es culpa nuestra porque los valencianos también llevamos en la sangre ser unos cantamañanas. Pero ahí departiendo y solucionando el mundo me encuentro más a gusto que un bebé mamando teta. Lo reconozco, estos cabrones me habían callado la boca eligiendo este sitio. Yo quería ir solo a pillar y volver, pero esta parada supo a gloria bendita. En cuanto se nos hizo la 13, pagamos y me voy al coche de Ximo a que me de la mandanguita. “Al final es solo uno y medio” “¿Tendré suficiente para toda la noche?” “Hombre, te digo que esta si la trabajas bien da mucho de sí”.

De vuelta a Valencia empieza a llover. A Pere le preocupa pero no por lo que pudiera uno esperar: “Esta lluvia le viene bien al parabrisas pero cuando salga el sol la humedad del suelo nos abrasará las pelotas”. Buscamos en la radio a ver si pillamos algo de remember. Optamos por dejar la Máxima que por lo menos sí nos recuerda a nuestra época de la carrera, cuando íbamos los fines de semana a Woody después de que nos cerraran el Rockola, cuando estábamos aún más locos y éramos más inocentes, íbamos a ser los nuevos Almodóvar y Amenábar y Medem y Lacuesta. No somos nada de eso pero parecemos satisfechos con nuestras vidas. En realidad más relajados diría yo. Estamos en la treintena y quién nos iba a decir que la vida aquí sería mejor. Cuando teníamos veinte teníamos la presión: acabar la carrera, tener un buen trabajo, una hipoteca, mujer y niños. Que no se te pase el arroz. Bien enraizados y derechos antes de los treinta. Y más o menos cada uno tiene algo de eso, excepto yo, que no tengo nada. No novia, no trabajo, no piso en propiedad, no hijos. Por las noches me leo algún libro, me masturbo y me duermo a eso de las 2. Dejo la ventana abierta de par en par para poder oler la calle y que me despierte la luz del sol. Todas las mañanas tengo una sensación horrible de no querer moverme, me quedaría de verdad en la cama sin salir hasta que ya no pudiera más, hasta que estar así fuera peor que cualquier otra cosa y sintiera el empuje, la iniciativa, la energía correcta no exigida por voces que me son ajenas: tienes que hacer algo, tienes que producir, tienes que ser alguien, no te da tiempo, ya llegas tarde, tienes que estar feliz, tienes que ya, el tiempo es ahora, YA, ¡AHORA!. Pero siempre me levanto y conforme va pasando el día mejora mi ánimo hasta que llega la noche que me voy a algún garito donde estén tocando algo de jazz y me tomo dos o tres cervezas y con suerte alguna chica me hace ojitos y voy y le hablo y mi franqueza que no es más que torpeza le hace gracia y nos vamos a bailar y yo le digo no tengo ningunas ganas de dormir solo esta vez, concédeme el favor de respirar cerca de ti todo lo que queda de noche hasta que te marches de puntillas por la mañana, y ella se ríe y entiendo cómo me mira, entonces la beso, la cojo de la cintura y durante un rato vivo en el aquí y ahora.

Al llegar a la capi nos toca ir a comer a un nuevo sitio que han abierto en el marítimo barrio del Cabanyal, el Anyora. Allí nos está esperando Juanfran que no ha podido venir a almorzar. Un sitio bodeguero a lo tradicional, con encanto, con un camarero también con una atención excelente, espléndida, muy simpático, no se le entiende nada sin embargo. Pedimos para picar cosas ricas: rabas de pulpo, lleteroles al ajillo, pluma ibérica… Todo un homenaje que haría llorar a cualquier vegano. Para acompañar, una botella de cava que no es cava porque no tiene D.O. La pedimos porque Joaquín se empeña: “Yo es que ahora como con cava”. De postre cada uno se pide un pacharán y yo que soy raro pido un vermut. De ahí nos vamos a una cervecería cercana al recinto donde ya empezamos con el copeo. Ahora el lector que haya llegado hasta aquí se dará cuenta de que somos unos señores. Efectivamente. Antes cuando teníamos dieciséis te tomabas solo chupitos o cubalitros, directamente. Ibas a lo que ibas. Ahora nos sentamos a parlamentar con los ojos vidriosos por las cazallas, las cervezas, el cava, el pacharán y el gin tonic sobre los avances en la robótica: “Microsoft ha retirado la inteligencia artificial que estaba desarrollando, lo habían alimentado de conversaciones reales de chiquillos entre dieciocho y veinticuatro años y en algún momento se puso a contestar cosas racistas“.

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Yo aprovecho para ir al baño a catar la merca. Me calzo dos orugones que me hacen estremecerme. Meo, me la espolso, la engaño como a los caracoles para que piense que ya está y la cojo desprevenida volviéndomela a sacar para que la última gota, esa que se queda agazapada like a bitch motherfucker esperando que te la guardes para salir, acabe en la taza y no en mi calzoncillo. Salgo y me acerco a la barra y una camarera de ojos azul eléctrico me guipa. Una muchacha de piel brillante y carne generosa con tanto morbo que podría hacer que te corrieras solo con mantenerte la mirada. O eso o volverte loco. Me dice: “¡¿todo bien?!” “¡Mejor!” le digo yo. Me pido una pinta y salgo al sol a sentarme en la mesa del compadreo, de la camaradería, de la exaltación, de la fraternidad, del cariño y el afecto que nos tenemos unos a otros. Joder, la amistad es la hostia. Un tipo de la Cruz Roja se nos acerca para que colaboremos, pero estamos más interesados en gastárnoslo todo bebiendo, gracias. Que no, en serio, de verdad, lo siento. Nos acabamos nuestros tragos, pedimos más, son las 19, hace una hora que han abierto las puertas pero estamos tan agustito, ahí sufriendo. Estamos tan bien que casi no miramos el móvil. Ahora los momentos de bienestar los mido por momentos sin móvil. “Yo me quitaría el wassap” “¿Tú te acuerdas cuando ibas al baño y te leías los componentes del champú?¿Me vas a comparar eso con llevarte el móvil y mirar Facebook? El que inventó el móvil estoy seguro que lo hizo mientras cagaba y estaba harto de leer etiquetas.” Jajajaja risas. “Lo digo en serio, cagando se tienen los mayores momentos de lucidez, ¿sí o no? y en aquel momento ese tipo dijo ¿por qué coño sé decir Sodium Laureth Sulfate y Methilcloroisiothazolinone? Ahora somos una sociedad mucho más higiénica mentalmente, por paradójico que parezca” Más risas jajajá, jejejé, jojóta, etc.

Cerca de las 20 nos decidimos a levantarnos, pagar, unos veinte por cabeza, y nos vamos hacia la Ciudad de las Artes y las Ciencias a ver a OBK. De camino pienso al ver a la gente la cantidad de abuelos que se habrán tenido que quedar este día con los nietos. 18.000 nostálgicos se congregaron allí. Nosotros estábamos nerviosos, excitados, inquietos, emocionados. Todavía pesaba un gran sol sobre nuestras cabezas y podías ver que aquello estaba lleno de MILFS sin remordimiento y de jaraneros trasnochados. Una pareja muy majeta de discjockeys pinchaban temazos y hacían esto de dar saltitos a la vez, mover los brazos y demás parafernalia. Nos situamos cerca del escenario, al lado de un grupo de maromos con gorras verdes de Cajamar, con nuetras litronas de cerveza, y ya solo quedaba bailar hasta las 2 de la madrugada con total y absoluta despreocupación. “Qué guapo tío” “Qué de puta madre”. Comienzan los conciertos, salen OBK historias de amor, ojos que miran con ilusión y yo me fijo en una pareja de chicas, una rubia alta y la otra morena bajita. Un primor. No miento. Las tías más atractivas de todo el festival. Tengo una norma desde el año 2007 que suelo cumplir: si me fijo en alguien no pienses, solo acércate y a ver qué pasa. “Hola, ¿estáis solas?” “Pírate gilipollas” “Vale hasta luego”. No recuerdo para seros sincero quién tocó después, volví con mis colegas hasta que me fui a hacer cola al baño para seguir dilatando mis pupilas y pillarme después un vodka con naranja, un destornillador de toda la vida. Al volver, un poquito más de “Toma jeroma, pastillas de goma” “Venga una foto, va una foto”. Y, no sé, un poquito de Aall that she wants, nanaranino nino baby. A lo que se me acerca la rubia de antes y me dice: “oye, perdona a mi amiga, es una borde” “Nada mujer, es cierto que soy gilipollas” “Va hazte una foto con nosotras” “Que sea un boomerang” Le pido a uno de los chicos de Cajamar que nos tire la foto y solo por eso ya desde ese momento se dedica a marear a mis nuevas amigas con un cansinismo bastante entrenado. Al ver que no obtenía nada de ellas pasa a marearme a mí y yo no quiero ser desagradable pero es que no le entiendo nada de lo que dice así que le voy dando palmadas en la escápula y riendo digo sí, sí. Tras lo cual le empujo un poquito para que no me siga.
Todavía es puto de día y mi nueva amiga caliente como el infierno me dice “Toma un cuartito” “¿Un cuartito? ¡Qué tacaña! ¿no puede ser media?” Me lo mete en la boca (eso dijo ella) y yo la verdad pensaba escupirlo porque el éxtasis piii pipiripii eespiraal me da cagaleras pero se me deshizo en la boca tan rápido que no me dio tiempo. Así que pensé bueno esto que me llevo. Entre tanto un poco de tú siempre fuiste duro de pelar, duuro de pelar. Pero lo realmente interesante eran los discjokeys que cada vez que salían iban subiendo el nivel de los temazos. Les presento a mis amigos a Jessica y Marga y los dejo ahí mientras yo me voy a hacer otra vez cola en el puñetero polyklyn de los cojones. Me meo cosa mala, como nunca me había meado. A intervalos la vejiga me duele como si me fuera a estallar. La cola era muy larga. Levanto la cabeza y el cielo aún estaba abierto, cortado por el puente jamonero de Calatrava y ahí estaba otra vez, esa sensación que ya había olvidado, esa emoción del insti en busca de la primera vez, de mi vecina diciéndome en la fiesta de primavera “Tú y yo somos vecinos. Jeje, hola vecino. ¿Por qué nunca me saludas? Eres un soso. ¿En qué patio vives?” Ese estremecimiento de pequeño orgasmo recorriéndome la sangre me recuerda que siempre se puede volver un rato a donde uno fue feliz. Así que meo, por fin, escribo un mensaje a mis amigos a los que quiero porque nos hemos hecho mayores, y nos vamos a ver envejecer y no nos juzgamos y pase lo que pase siempre están ahí los jodidos, son mi puta familia; voy corriendo para verles y abrazarles. What if God was one of us?

Les busco entre la muchedumbre que baila lo de it’s party time nananinoninoná. No están. Pero quien sí está es Marga. Sola. Así que le digo: “Igual la cago por decirte esto pero llegados a este punto necesito decirte que me muero de ganas de besarte ahora mismo” Marga me sella los labios con los suyos, me da un beso de esos que se notan en la entrepierna. El primer beso. Todos esos pensamientos que me punzan constantemente con ya no soy interesante, estoy en la decadencia, no sé qué sentido tiene un spinner, etc. se van a la mierda porque vamos a jugar en el sol. Y me siento agradecido. Por todo. Porque esta muchacha me besa, porque mis padres están vivos, porque el cuartito me ha subido, porque Fernandisco es un bonico. Todo me parece la leche. La nostalgia es perseguir aquel momento en el que te encontraste en tu sitio, a gusto en este mundo y sin saberlo acabas yendo detrás el resto de tu vida, pero nunca vuelve, somos yonkis porque vamos detrás del dragón rojo.

Justo cuando ya se ha hecho de noche sale Gala. De las actuaciones más esperadas de la noche, y está muy tremenda aún. Juanfran no para de gritar: “¿¡pero por qué no ha envejecido!?”, así con el brazo estirado hacia el escenario con indignación en plan ho haveu vist?! Yo por mi parte, cada vez que sale Fernandisco también grito: “¡gañáan, di algo en inglés!” Más tarde saldría Chimo Bayo con su ¡Jú-Já!. Recuerdo cuando hace años iba a un gimnasio donde un opositor a bombero hacía dominadas gritando eso cuando llegaba al fallo y quería hacer una más, era su grito de guerra ¡jú-já!. Me reviso los bolsillos y veo que aún me queda medio pollito. Aún la puedo liar. Dice Chimo que quien no ha desfasado nunca no es de fiar. Pienso en decirle a Marga vámonos a casa ahora que aún somos jóvenes. Pero aún quedaba una sorpresa más para mí con el Get it up! papapá papapá de Sensity World, canción mítica de la época, la gente se volvió loca. I’m getting so high. Es curioso, en estos conciertos la artista de turno sale a cantar una sola canción, pero bueno, es como en la época de los noventa, la gente sacaba un single y no daban más la brasa. Y ya ves, a vivir de ello el resto de tu vida. Así sí.

Mientras aún suena la canción aparece de repente Jessica, coge de la mano a su amiga y se la lleva. Yo decido seguirlas, no sé dónde he dejado a mis amigos, Marga le dice algo al oído a su amiga que sonríe como lo lleva haciendo toda la noche como si ya supiera cómo iba a acabar todo. Se giran hacia mí. “¿Nos vamos a tu casa a seguir la fiesta?“. Y para mi casa que nos fuimos. Los tres.