Siempre que se acerca el 31 de diciembre te invade un qué-sé-yo difícil de explicar. No sé si serán las luces de colores, los reencuentros navideños o ese Intensismo Supremo que parece estar presente en cada rincón, pero lo cierto es que todos los años por estas fechas te sorprendes a ti mismo haciendo un repaso exhaustivo de lo que han sido estos doce últimos meses.

Y entonces, ocurre algo inexplicable.

De pronto, todos los sinsentidos del año tienen una explicación clara y convincente, tus malas decisiones parecen estar justificadas y los momentos que no supiste valorar en su día se convierten, de golpe y porrazo, en Los Mejores Momentos de 2017.

¿La madurez era eso, no? Sentido crítico y moralejas vitales por doquier. ¡Enhorabuena! Gracias a tu repentino acto de autoconciencia has conseguido revertir la situación y hacer una lectura positiva de todas tus idas de olla. Porque todo pasa por alguna razón, ¿verdad? Todos nuestros pasos forman parte de un Plan Maestro.

Pues mira, no; tampoco te engañes. En realidad, lo único que estás consiguiendo con eso es poner más y más peso sobre tus hombros cansados. ¿Y sabes por qué? Porque tras ese positivismo impostado se esconde una lista mental de todo lo que debes y no debes hacer durante el próximo año. ¡Como si fuera tan fácil resetear el cerebro, reconciliarte contigo mismo y convertir los errores del pasado en aciertos venideros!

Relájate, anda. Queda con un colega, ábrete una botella de vino, incordia a tu gato, líate un piti, escucha ese disco que tanto te ha flipado en 2017. Desconecta un poquito porque tengo algo que decirte: la vas a volver a liar en 2018. Probablemente, seguirás cometiendo los mismos errores que en 2017. ¿Y sabes qué? Que no pasa absolutamente nada. Los mortales aprendemos despacio, y tú no ibas a ser la excepción.

Volverás a enamorarte a destiempo, volverás a sentirte paralizado por tu eterno miedo al fracaso y volverás a ser un auténtico cretino con las personas que más quieres. Cuanto antes lo aceptes, mejor.

Pero ojo; no me malinterpretes. Este no es un discurso derrotista ni una oda a la negatividad, pero no hay cosa más jodida que intentar buscar una explicación a algo que probablemente no la tiene. Los sueños son carreras de fondo, las expectativas son una pérdida de tiempo y coincidir en espacio-tiempo-emocional con alguien es casi una historia de ciencia ficción. La mayor parte de las veces, nada ocurre por alguna razón. Ocurre y punto. No somos tan importantes.

Quédate con lo que has vivido, con sus luces y sus sombras. Quédate con los conciertos, los viajes, los anocheceres y los mañaneos salvajes, pero también con las decepciones, los derrotismos y los lloriqueos en el sofá. Quédate con la sensación de que sigues teniendo la capacidad de sorprenderte, de enamorarte y empezar desde cero. Quédate con que este año ha sido el Año del Incendio, en todos los sentidos, y que no volverás a estar más vivo que ahora.

Que tu objetivo de año nuevo sea, precisamente, no tener ningún objetivo de año nuevo.

 

Irene Benlloch