LOS FINALES

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foto Emmanuel Rosario

Nunca se me ha dado bien claudicar.

Ni en mis historias, ni en mis relaciones, ni en la vida en general. Supongo que eso explica por qué no estoy conforme con ninguno de mis cierres, o por qué todavía no he conseguido estrenar una mísera obra de microteatro. Siempre he optado por escurrir el bulto, evitar las conversaciones incómodas y abrir más tramas de las que puedo abarcar.

Ese soy yo. Un cobarde con ínfulas de escritor que sueña con dejar un legado medianamente aceptable, pero que fracasa estrepitosamente cuando intenta poner en orden los escasos hitos de su vida cotidiana.

Nunca he sabido poner punto final. Y ahora que te has marchado, no tengo ni puta idea de cómo gestionar este vacío.

Lo cierto es que no has sido mi primer desengaño. De hecho, conservo un enorme cajón de mierda repleto de historias interrumpidas, preguntas sin contestar y un par de números de psicólogos a los que nunca me he atrevido a llamar. No has sido la primera ni -me temo- tampoco la última.

¿Pero entonces por qué me dueles tanto?

Mis amigos me dicen que me permita el lujo de estar triste… pero que tampoco lo alargue demasiado. Que me dedique tiempo y aprenda a estar solo… pero que no me convierta en un puto ermitaño. Que “te supere” antes de intentarlo con otra persona… pero que no me olvide de que hay otros peces en el mar.

Otros peces en el mar…

¡JÁ!

¡Como si fuera tan fácil coincidir en espacio-tiempo con alguno de ellos! Pero coincidir de verdad, ¿eh? En el mismo punto. Los que no han apostado ya por alguien, están jodidos por dentro; los que han conseguido salir del barrizal y están preparados para el siguiente paso, se enamoran de alguien al que le ocurre todo lo contrario. Y así sucesivamente. Una y otra vez. Y otra, y otra, y otra, y…

Joder, voy a parar.

Me levanto de la silla, cojo ‘Definitely Maybe’ y lo pongo en el tocadiscos. Antes tengo que quitar ‘Wish You Were Here’, el último disco que -ironías de la vida- escuchamos antes de que todo explotara. Dime, ¿a quién se le ocurre follar con ‘Shine On You Crazy Diamond’ de fondo? Pues a ti, querida Barrett, que nunca has sabido poner freno a tus miedos e idas de olla.

– I’m feeling Supersonic, give me gin and tonic.

Sonrío.

Las letras de Noel, la voz de Liam. Es prácticamente imposible no sonreír con esta canción.

¿Sabes? Creo que lo único bueno que he hecho durante todo este tiempo ha sido reservar ciertos discos y ciertos temas para mí. Oasis no te debe nada; tampoco Neil Young, Fleetwood Mac o Alt-J. Está bien tener un lugar donde refugiarse, aunque sea dentro de un habitáculo contaminado por ti.

– You need to find a way for what you want to say…

Vuelvo al escritorio, abro el portátil, tecleo un par de palabras sin sentido. Escribo, reescribo, delete, delete.

– … but before tomorrow.

Definitivamente, estoy bloqueado.

¿Cómo coño no voy a estarlo? Tu olor sigue en mi cama; tus trastos, en la estantería; la carátula de la película que nunca terminamos de ver, en la mesita de noche.

Los finales. Esos finales que no sabes que son finales hasta días más tarde. ¿Habría ayudado saber que era nuestra última noche? ¿Te habría dedicado unas palabras más certeras o abrazado mucho más fuerte? ¿Habría podido hacer ALGO para revertir la situación?

Nunca se me ha dado bien decir adiós.

Supongo que a ti tampoco.