Me tiemblan las piernas cada vez que te tengo lejos.
Pero es que cuando te tengo cerca
ni me sostengo.

Siento un cosquilleo por todo mi cuerpo,
y no te voy a mentir:
el epicentro del terremoto se sitúa en
mi coño.

Aunque me puedo confundir con un volcán,
debido a un pequeño roce de tus dedos por mi barriga
me siento en el infierno.

También puedo ser un tsunami
y se aproxima la ola más grande cuando comienzas a sumergirte en mis bragas.
Y ya, cuando tu lengua decide hacer inmersión…

Mis manos se enzarzan en tu pelo.
No aguanto la presión de no tenerte dentro.
Comienzan las tuyas, a explorar,
más adentro,
mientras buscas el pico más alto de mi pecho.

Te levanto la cara,
te miro a los ojos con la mirada del león
que va a devorar a su presa en las sábanas.

Quién ha dicho que por el hecho de volar se sea libre.
Qué coño le voy a envidiar a un pájaro si cuando te follo me siento libre de todo.

Te pido clemencia y te ruego que vuelvas a mi boca.
Que me metas tu polla.
Que vamos a hacer llover el diluvio universal.

También te pido que no te vuelvas a marchar nunca.
Al menos hasta que desaparezcan las ganas
de comernos y de querernos.

Quédate hasta que nos odiemos.

Porque creo

que con eso basta.

 

poema e ilustración Abi PG