Libertad de expresión es cagarte

Decir bien alto

¡Me cago en Dios!

Me cago en tu puta calavera, me cago en tu vieja, me cago en mi puta vida, me cago en el rey, en la virgen, y en la Guardia Civil, me cago en todos tus muertos hijo de la grandísima puta.

La libertad de expresión es pintar un autobús de color ING Direct

Libertad de expresión es colgar un selfie en Instagram con un escote y una sonrisa bien grandes y escribir: “Pero la vida es así. Cuando menos te lo esperas, cuando has dejado de pensar en algo, cuando no sabes que ese es el momento adecuado, algo sucede.”

Libertad es poder ver toda la tarde Telecinco. Es poder pedirle dinero prestado de la herencia a tus padres. Es poder escribir un poema en la puerta de un baño. Emborracharte en una verbena de pueblo. No saber qué hacer un domingo, libertad es decir valenciano no es catalán, poder ir al banco a que te firmen una ficha de terceros para llevarla a un ayuntamiento y llamar al banco para que te informen de quién te la rellenó porque falta ese dato si no no la pueden tramitar y cierran la facturación mañana y lo siento mucho pero no podemos facilitar ese dato por teléfono y cuánto lo siento no podemos hacer nada, así son las cosas. Así son.

Así arrancaron la estatua de Estellés, así fue Omaira en directo en la 1 y así entró la policía armada en la iglesia San Francisco de Vitoria, así dispararon en la playa del Tarajal, así es como todos fantaseamos con nuestra compañera de trabajo, con irnos de luna de miel al Caribe, con qué bien cantan esos niños que salen concursando en la tele, con mañana empiezo la dieta, con hacen falta días malos para darte cuenta de lo bonitos que son el resto, nunca es tarde el tiempo es ahora. Claro que sí guapi.

Yo estoy tranquilo. Yo puedo cagarme en Cristo crucificado porque no soy Javier Krahe y puedo decir que cualquier asesino, psicópata, violador o juez fascista se merece que le implanten una conciencia y le obliguen después a mirarse en el espejo de la verdad. Además yo no soy rapero, no soy twitero, no soy titiritero. Quizá eso sí soy poeta. Pero no soy Miguel Hernández, no soy Sánchez Albornoz, no soy Marcos Ana, tampoco soy Aitor Cuervo; no soy Strawberry, no soy Valtonyk, no soy Pablo Hasel, no soy Alfredo Remírez, no soy Santi Espot, no soy Cassandra, no pertenezco al colectivo La Insurgencia, no soy tantos y tantos otros, no soy ninguno de ellos no, no soy yo.

Yo estoy bien de momento, gracias a Dios.