Yo soy Lennon, tú Yoko Ono

Los reconocerás fácilmente. Son esas personas que solo actualizan sus redes sociales para publicar selfies en pareja: ellos en la playa, ellos en la montaña, ellos con las gafas 3D antes de ver ‘Avatar‘, ellos haciendo la colada… Porque esa es la otra gran característica que tienen, son como los siameses: NO SE PUEDEN SEPARAR.

Estamos hablando de esas parejas que no pueden vivir el uno sin el otro. Las hay empalagosas, intensitas, superficiales o cuquis. Suelen vivir en Instagram, donde nos muestran lo que desayunan cada día bajo una catarata de hashtags: #desayuno #cupcake #selfie #amor #love #happy #pharrelwilliams #parejas #pásamelamantequilla #tehasmanchadolacamisa.

Para llegar a ese punto antes tiene que existir una historia y un proceso. No nacieron casados y siameses, sino como personas individuales que al encontrar a su media naranja decidieron hacer un zumo con ella y luego convertirla en un cubito de hielo bien compacto y en forma de corazón.

Pero,  ¿quiénes fueron los pioneros en enamorarse y mudarse a la isla de Lost?  Antes de  llegar a esta época donde dichas personas yacen en arcoíris de azúcar con filtro Valencia, existió  una primera pareja que lo dejó todo por amor. Aunque ese todo fueran The Beatles.

John y Yoko

John y Yoko, enamorados e intensitos

John Lennon nació en Liverpool durante la II Guerra Mundial. De padre ausente y madre más aún, fue criado por su estricta tía. Fruto de esa falta de cariño en la infancia se forjó una personalidad rebelde, inconformista y creativa. Un tipo arrollador con inquietudes que sin darse cuenta pasó de tocar ante putas y yonkis en pubs de Hamburgo a co-liderar la mejor banda de la historia.

Esos primeros años como beatle le supusieron unas vivencias que ni en un millón de vidas disfrutaremos nosotros: fue la persona más popular del planeta, tocó en un grupo con Paul y George, consumió LSD, viajó por todo el mundo, se comparó con Jesucristo, bebió con Ringo, fue introducido a la marihuana por Bob Dylan… Y todo esto lo hizo teniendo pareja, Cynthia. Su primera mujer consiguió aportar la estabilidad emocional que John deseaba desde pequeñito, además de su primer vástago: Julian.

Pero el giro de guión en la vida de John y en la propia historia de los Beatles apareció de la manera más irónica posible. El propio Paul recomendó a Lennon visitar una exposición de una extraña artista japonesa de culo caído y nombre Yoko Ono. Era 7 de noviembre de 1966 y John Lennon deambuló por la galería Indica hasta toparse con uno de los extraños objetos expuestos. Se trataba de una escalera que te conducía a una lupa colgada del techo. Al mirar por ella se podía leer una palabra: YES.

Lennon y Yoko comenzaron un affaire que condujo a la separación del matrimonio del propio John con Cynthia, numerosas canciones y el primer caso documentado de pareja siamesa. Se volvieron inseparables. Literalmente. Ella se convirtió en una especie de quinto Beatle ante el estupor y asqueo del resto de la banda, que se veía intimidado ante la presencia extrema de la japonesa. Especialmente dolorosa fue la grabación del White Album, donde se dice que el tranquilo George Harrison llegó a perder los nervios ante las irreverencias de Yoko, a la cual acabó propiciándole una bofetada en la cara.

La pasión no descendió y paralelamente el grupo acabó diluyéndose. Las malas lenguas y los no entendidos siempre acuñaron “La culpa de todo fue de Yoko” para justificar la separación de los Beatles. La realidad fue que todos acabaron hasta los cojones de todos. John solo quería a Yoko, amén de tener un espíritu más innovador para la música. George estaba cansado de la fama y de los demás. Paul se quería a si mismo y controlar la banda. Y Ringo… Ringo se preguntaba cómo podía seguir queriendo a esos tres cabrones egocéntricos.

Tras la separación de los Beatles la relación entre John y Yoko entró en una espiral más autodestructiva de lo que siempre se ha pensado. Se separaron muchas veces, engendraron a Sean, vivieron infidelidades y relaciones paralelas consentidas o incluso recomendadas. Una década intensa de amor y reivindicación social. De baladas de John y Yoko, de históricas fotos, de pedir el fin de la guerra, de convertirse en los enemigos número uno de América y de encontrar su estabilidad emocional en Nueva York.

Una historia de amor que no acabó ni cuando Mark Chapman asestó aquellos tiros a John. Aquello convirtió al ídolo en leyenda, al cantante en mártir, a su protesta social en epitafios y a Yoko Ono en viuda universal.