El mayor genocidio del siglo XX: el holocausto judío por los nazis, el mayor genocidio del siglo XXI: el pueblo palestino por el gobierno de Israel.

 

Cuando cuenten y recopilen datos para sus estadísticas

y fábricas de mentiras para la historia,

no se olviden de sumar los años y los días y los minutos

de respirar polvo, encerrados en unos pocos metros cuadrados de patria rescatada:

Palestina franja de Gaza.

Cuenten los 721 kilómetros de muro de hormigón y vallas metálicas

levantados para dividir dos mundos y no ver al otro lado,

de los cacheos para cruzar los puestos fronterizos sellados a cal y canto,

de los éxodos abortados a uno y otro lado de la frontera que escriben con metralla.

No se olviden de sumar los niños y niñas muertas bajo las bombas.

Son los hijos e hijas de la vida

del empeño de un pueblo de seguir vivo

de la resistencia puesta en pie de parto.

Esos niños u otros también nacidos en la zona ocupada

les harán bajar los ojos con sus miradas.

La memoria de la historia es tenaz como los vientos del desierto que mueven las dunas.

Antes o después

no quedarán impunes sus muertes;

tendrán el castigo terrenal de los descendientes israelíes en la tierra prometida

escondiendo sus orígenes de vergüenza después de 1947,

de la franja de Gaza en el mes de julio del año 2014,

en la ofensiva <<Margen protector>> de Israel.

Se levantará el dedo acusador de sus progenitores

judíos perseguidos, víctimas de la <<solución final>>,

evadidos de las cámaras de gas, levantándose de sus tumbas,

señalándoles como el pueblo elegido para repetir su propia historia en otro pueblo.

Antes o después no quedará impune este holocausto moderno

este genocidio consentido por sabios mandamases

de las guerras preventivas, de las guerras de defensa,

que se inventan enemigos para armar su máquina de muerte.

Enemigo

es el pastor de ovejas en las montañas de Gaza

el agricultor que arranca hortaliza a la tierra seca de Gaza

el pescador que sale en la madrugada por medio kilo de pescado en la costa de Gaza

los tres niños jugando al fútbol en la playa de Gaza antes de los misiles inteligentes de Israel

Son el enemigo: blanco móvil, palestino vivo.

No se olviden de contar esos niños como daños colaterales

y esconder bien escondidas sus tumbas

bajo montones de información fraudulenta,

porque saldrán,

antes o después saldrán a saldar cuentas.

Enemigos serán

la pareja que se besa a pesar de la desesperanza de la tierra condenada

las lágrimas de la madre que entierra a sus hijos en las fosas comunes de Gaza

mientras la ONU manda observadores que callan y consienten

y dilatan la condena de su aliado intocable en Medio Oriente.

Enemigos serán

la impotencia del hombre removiendo escombros después del ataque aéreo en Gaza,

el grito ahogado, son los enemigos,

el dolor y la injusticia, el insomnio del miedo, el terror en dos ojos abiertos

escudriñando los bombarderos en un cielo peligroso,

el periodista que saca una foto a escondidas para la prensa internacional,

todos los nosotros que lo sabemos

y seremos la memoria que no podrán borrar

porque vamos a contarlo para que todo el mundo sepa

y las generaciones que vienen detrás y las que van por delante sepan

que la tierra prometida es una Palestina asesinada.

Los nosotros que sabemos

seremos el enemigo móvil de la conciencia

de esta indecencia.

 

 

Patricia Olascoaga