Todas las perras que en el mundo han sido
venimos esta noche a tu ventana.
Con pulgas, cicatrices, sin collares
barro en las patas, sangre en pezuñas.
De cada sombra una perra emerge.

Nos quitaron camadas, nos pusieron cadenas.
Nos dejaron sin linaje ni genealogía.
Para poblar sus fincas les parimos esclavos.
Pensaron que abandono sería igual a muerte
pero de las cunetas aprendimos memoria.

Sé fiel a los ladridos: alimenta a tu loba.
Obedece la brújula en tu hocico.
Apunta las orejas siempre al cielo.
No disputes la caza con tu hermana.
No des a luz cómplices: enséñales colmillos.

Y así hallarás en ti lo que tienes de manada.

 

poema de Ana Pérez Cañamares