La crisis de los 30

Gracias, esto… ¿cómo empezar?

La crisis de los 30

Garden State (Zach Braff, 2004)

Creo que todo se torció cuando me empezaron a gustar Manos de topo. Esa dicotomía entre estabilidad y drama. Romanticismo y misoginia. La eterna lucha entre post-adolescencia y madurez. “¿Quiero perpetuarme en conciertos de la Plaza del Trigo o me pongo el Gol TV y me atrinchero en el sofá?” Una batalla feroz entre las letras de The new Ramon o los comentarios de Axel Torres sobre el interior izquierdo del Wigan. Una decisión bastante más difícil y trascendental que escoger entre Kate o Rooney Mara. Porque no existe una respuesta. Ni tampoco una verdad. Porque a los sucios sábados etílicos les seguirán domingos de lluvia y frío con añoranza de manta compartida. Porque los inviernos abrigados pueden ser acorralados por calurosos veranos de asfixia y hormonas.

La crisis de los 30 se empieza a gestar en el mismo momento que te asusta cumplir 18. Y luego 20. Y después 25. No puede existir lo primero sin los sucesivos conflictos emocionales ante cada “cifra redonda”. Cumplir la mayoría de edad supone un vértigo bonito. Como montarte en el Dragon Khan muy acojonado pero luego no parar de repetirlo. O iniciar una ronda de Jagers. Por cada cosa negativa que conlleva, te aparecen cincuenta ventajas (y al revés, lo que pasa es que te da igual). Luego vienen los 20, cifra muy redonda. Ahí ya te crees súper maduro, aunque no sepas una puta mierda de la vida, porque has tenido las primeras guerras con tu novia. Le pides protección a la ONU porque estás convencido de que tanto ella como Iván Ferreiro conspiran contra ti. Pero en el fondo ya le has cogido el gusto a que todas las canciones de Piratas hablen de vosotros.

Entonces llegan los 23. Porque sí, porque desde hace tiempo los 23 son los nuevos 25. Hace ya que rompiste con tu pareja y tras despertar de una vorágine de fiestas que ha durado varios meses descubres sorprendido has ido emparejando a todos tus amigos salvo a ti. Muy de Tom Cruise buscando desesperadamente el Oscar mientras observa como todos sus compañeros de reparto son los que lo consiguen. Mientras tú eres Cruise, tus amigos se han convertido en ‘Paul Newman‘ en El color del dinero, Dustin Hoffman en ‘Rainman’Cuba Gooding Jr en ‘Jerry McGuire‘.

Al final, una sucesión de precuelas al conflicto que ahora te atañe. Se acabaron los 20. Ya no más descuentos y “cursos para jóvenes”. Tienes que pagar el 100% del abono transporte, te agota pensar en festivales de cuatro días e incluso el Tuenti te expulsa de su red social. Ahora todo será un camino cuesta abajo y sin frenos hacía el “señor, ¡la pelota!”, la alopecia y el Euribor.