Hablemos de cuando no quieres hablar, ni escribir, ni pensar demasiado. Hablemos de cuando sabes que lo sabes; de cuando sé que lo sé pero también sé que no voy a decirlo. Hablemos de cuando sé que si no lo digo, no sé si lo sé. Y si no lo sé, puedo mantener todo esto un poquito más. Y créeme que lo necesito. Mantenerlo así, digo. Mantener esta inestabilidad y este no saber y esta libertad y este egoísmo y estas idas y venidas y estas ganas y esta vuelta a las andadas. Necesito mantenerlas, porque no sé si es volver, pero sí que sé que necesito andar. Y no sé tampoco si es hacia delante o hacia atrás, o si estoy andando en círculos y en realidad no me he movido de tu lado. O de su lado. O si sigo estando sola. Pero sé que necesito seguir y no estarme quieta, porque aún no sé a qué pasado voy a volver cuando frene. O sí que lo sé, y por eso no quiero parar. O quiero ir hacia delante. Que quiero, te lo juro. Te lo juro que quiero. Y por eso pasado, mañana y hoy no voy a querer hablar. Ni decirlo. Ni escribirlo. Por eso voy a querer andar. Avanzar. Porque estoy segura de que, cuando esté lo suficientemente lejos, – y cansada – todo lo que hoy <<no sé>>, dolerá mucho menos.