Gracias por todo Louis C.K.

De todas las buenas decisiones que a lo largo de su vida ha tomado Louis C.K, egoístamente diré que la mejor ha sido arrancar indiscriminadamente sonrisas con su humor hiriente e incómodo y con su talento. Y ya, sólo en segundo lugar, -porque lo uno no es sino consecuencia de lo otro- dirigir, escribir, protagonizar e incluso editar la historia -con matices-  de un alter ego ficticio que dicen, tiene mucho de él. (Louie, FX)

Louie

De primeras es complicado buscar encaje a esta serie. Oscila entre la comedia y el drama surrealista. Se desarrolla a través de historias de marcada cotidianeidad y recuerdos grotescos que son capaces de dejarnos pensando un largo rato y hacernos dudar. Pero ¿para qué necesitaríamos las etiquetas si lo que tenemos entre manos es tan bueno que no necesita de ellas?. Louis C.K sabe que puede permitirse el lujo de ir más allá de eso que tan bien se le da, hacer reír a un público entregado que ya conoce sus debilidades y sus temas favoritos. Por eso nos recuerda que la televisión es también un buen lugar para la crítica, las puyas merecidas, para plantear dudas y también para generar conciencias.

Sabemos además que Louie no es primerizo a la hora de ponerse delante de la cámara. Conocemos sus escasos cameos en el cine, ya que allá en 2006 la HBO le daba una oportunidad con su propia serie: “Lucky Louie”. Ya entonces compartiría protagonismo con Paloma Adlon, su sempiterna compañera con la que después escribiría y a la que daría un papel muy importante en “Louie”. La cadena, apartándose un poco de la tónica predominante en las series HBO, exigía un desnudo femenino y éste, ni corto ni perezoso, decidió obedecer de una manera poco convencional: apareciendo él mismo en escena, en pelota picada. ¿Por qué tendría que pedírselo a una actriz a la que no había contratado para ello? La serie fue cancelada poco después, pero el  líder de la incorrección política, había dejado muy claro su punto de vista. 

Esto solo lo traigo a colación porque resume perfectamente la esencia de su serie actual. Incorreción y crítica. Un humor con tintes melancólicos. No tenemos polémicos desnudos frontales, pero si algo más íntimo. Algo que es muy complejo plasmar en un monólogo en vivo pero más fácil de narrar a través de una cámara. Louie nos abre las puertas de su vida y nos regala muchas situaciones autobiográficas, mientras experimenta con el tono y el formato. Nos cuenta la complejidad de las relaciones humanas, detalles de su relación con sus hijas, alternando pasajes de sus sueños con chistes escatológicos, mientras ahonda en el insondable misterio de la existencia humana y la muerte. No todo es real, hay situaciones demasiado esperpénticas e inverosímiles como para que podamos creer eso, pese a todo, ese alarmante realismo de que peca en líneas generales, da mucho que pensar.

Su personaje, además, es bastante complejo. Es su propia parodia, el mismo hombre incorrecto que conocemos, viviendo un sinfín de anécdotas inusuales. Son varios personajes en uno. El hijo, el hermano, el ex-marido, el vecino malhablado, el cómico, el ex cuñado, pero ante todo el padre. Recordemos la última temporada y su pasado en el colegio: cómo después de reñir a su hija por fumar a escondidas en un concierto, se descubre el flashback bastante oscuro de un niño que para poder financiarse la marihuana -a la que se ha enganchado de la forma más imbecil del mundo-, vende material escolar a un matón interpretado por Jeremy Renner. Una genial manera de representar las relaciones entre padres e hijos, a través de una historia, en la que se coloca en ambos lados.

En cuatro temporadas ha demostrado que es capaz de todo. Se ha presentado en televisión a defender su derecho a masturbarse y hacer alarde de ello, ha bromeado con el 11-S, ha escrito el mejor capítulo sobre la superficialidad humana y lo sobrevalorado del físico, y sobre todo, se ha convertido en el heredero por derecho de Woody Allen. Este hombre, portavoz de minorías,y gran contador de historias, ha sabido crear uno de los mejores productos televisivos posibles en años, con el que además, en la temporada pasada, homenajeaba a dos de los grandes: Philip Seymour Hoffman y Robin Williams (a este segundo, sin querer).

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Y con la quinta temporada ha llegado la decadencia. La que ha sido la más corta hasta la fecha (ocho capítulos) nos ha mostrado el progresivo declive de un personaje gafe, patoso en su vida, taciturno y a veces bastante gris. Nos ha llevado a recorrer el mundo de la angustia, la ira, el miedo e incluso la frustración. Ha sido además la más oscura. Su ruptura con Pamela, esa distancia que la serie ha tomado en la relación de Louie con sus hijas (que nos aportaba el lado más amable del personaje), su aislamiento social… Todo esto ha desembocado en el hastío y la misantropía. El cansancio y la exigencia del mundo del espectáculo, las galas y las giras, han sacado a la luz al cómico desagradable, hosco y depresivo. Ese que no se reconoce a sí mismo porque ya no se ríe ni de los chistes de pedos y que está perdiendo la capacidad de reírse de sí mismo. Una gran paradoja para aquel que se dedica precisamente a eso: hacer reír. Pero no hay que alarmarse, porque aunque el final de temporada sea tan oscuro como desinflado, parece que quizá, pese a todo, las cosas estén empezando a cambiar de nuevo.

Y “Louie” volverá. Si no es con una sexta temporada -esperemos que sí- oiremos de nuevo su voz gritar muy fuerte sobre algún tema políticamente incorrecto que la sociedad americana nos quiera censurar. Todo en la vida tiene que tener límites dicen, pero… ya lo dijo hace años Michael Scott: “Hay ciertos temas que no podemos tocar los comediantes. JKF, el sida, el holocausto…El asesinato de Lincoln se volvió gracioso hace poco, pero espero vivir en un mundo en el que algún día una persona pueda hacer un chiste gracioso sobre el sida. Es uno de mis sueños.”  Le esperamos con ganas.