Mi relación con ‘Girls’ siempre ha sido fluctuante, lo reconozco, y nunca he sido su mejor crítica. No solo por ese exhibicionismo desmedido del que ha abusado desde el primer capítulo su creadora, Lena Dunham, sino quizá también porque es la serie de televisión con las protagonistas más indeseables, egoístas y petardas de toda la historia de la ficción, lo cual, de primeras, no nos ayuda a funcionar bien con la historia. Nadie quiere que el televisor le devuelva un reflejo de sus posibles defectos -exagerados-, está claro, pero desde la temporada tercera ‘Girls’ se ha convertido en una ficción equilibrada de personajes bien definidos que han ido encontrando poco a poco su papel en el mundo, ha evolucionado convirtiéndose en un producto mejor construido y mucho más apetecible para el espectador. La quinta temporada ha querido continuar, o eso parece, con la evolución. La madurez ha llamado a las puertas de (casi) todas nuestras protagonistas y hemos avistado un cambio muy significativo. Todas ellas están mejor que nunca. Y lo más curioso: todas parecen funcionar mejor por separado.

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Nunca he sido partidaria del nombre ‘Girls’. De primeras porque Lena Dunham chupaba planos/escenas y capítulos descaradamente, menoscabando el protagonismo del resto de miembros del reparto y, en esta última entrega, porque cada una va por separado. No nos habla del conjunto, no es una serie sobre un grupo de amigas, (de hecho, ahora solo quedan las ruinas de una frágil amistad) es una historia de personas. La historia de Hannah, Jessa, Shoshanna y Marnie. La historia de Elijah, los padres de Hannah, la de Ray. Este equilibrio y la mayor presencia de todos los protagonistas en la serie han contribuido con mucho a mejorar la serie, tanto como la presencia de Adam Driver y Alex Karpovsky. Para mí, los mejores del conjunto, además de una banda sonora acertadísima para cada momento.

Jessa nos ha sorprendido a todos. Su romance con Adam ha enfurecido a más de un espectador, pero nos ha permitido conocer una faceta suya que nos ha sorprendido. De todas, Jessa era el personaje más maltratado. Una mujer egoísta, de rasgos psicópatas y nula empatía que parecía tomar toda clase de decisiones estúpidas e infantiles sin importarle nada o nadie. Desaparece sin dejar huella, se casa sin motivos con Chris O’Dowd, se pasa por el forro a todas las personas que la rodean. Y entonces, parece culminar esa involución odiosa fingiendo una disputa con su mejor amiga para poder así acostarse con su novio. Tenían todas las excusas para hacernos odiarla aún más que nunca, pero no ha sido así. Ese debate interno, las dudas y la culpabilidad que azotan a Jessa durante toda la temporada, nos han permitido conocerla mejor y conciliarnos con su personalidad. Al igual que quiere a Hannah sin límites y pese a todos sus defectos, su química con Adam es innegable y su relación inevitable. Por supuesto que dos seres autodestructivos no lo van a tener fácil juntos, pero sorprende lo fácil que se desarrolla su relación hasta que explota todo. “Ella es como un puto arco iris” dice Adam en un capítulo. Sólo nos hacía falta mirarla con ojos distintos para quererla un poco más. Además, ¿quién no querría ver el sable de Kylo Ren? El chiste fácil era inevitable.

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Marnie se casa. Para ella, desde la temporada primera, los hombres son la solución a todos los problemas y por supuesto su boda, el sueño de toda una vida que va a acabar con toda su inestabilidad. Su maquillaje exagerado encerraba un guiño evidente a todo lo que ella maquea la realidad, pero  también era un signo de un fracaso anunciado. Es cierto que todas ellas viven en el país de la piruleta, pero ella la que más. Entonces Desi decide poner un muro en su apartamento de 20 metros cuadrados. Perfecta metáfora del enclaustramiento que Marnie siente en su relación personal y profesional. Y entonces, ese personaje cuadriculado que nunca se sale del tiesto, se va de casa vestida de poligonera y se reencuentra con Charlie, su novio de toda una vida. Después de una idílica velada en la que ignora todos los mensajes que le lanza el universo, parece que ella va a recaer en la jugada de olvidar sus problemas de la mano de otro hombre, pero cuando después de acostarse con Charlie descubre una jeringuilla en sus pantalones abre los ojos. Siempre ha estado ciega. Entonces pide el divorcio a Desi y, para mi, este paso, ese episodio, esa señal de crecimiento personal e interior, es el mejor regalo que Dunham podría hacer a la historia. Marnie no solamente se redime de todos sus errores pasados, se reinventa a sí misma. No necesita a nadie más. O bueno, al menos durante unos capítulos. Es fácil volver a tropezar con la misma piedra.

Shoshanna en Japón. Todos sabíamos que esta mujer era algo alienígena, pero Oriente hace que Shosh encuentre su lugar en el mundo, un sitio donde poder ser ella misma, expresarse y sentirse bien con sus excentricidades. No podía haber un lugar mejor para ella. La felicidad dura poco, porque tiene que volver a Estados Unidos y afrontar la dura realidad, aquel ex novio abandonado que ahora piensa que es una persona horrible, un grupo de amigas desestructurado del que ni siquiera forma parte, el desempleo. Quizá Shoshanna no ha madurado, a fín de cuentas para ella Japón ha supuesto también una excusa para poner término a algunos problemas de forma cobarde. Sigue siendo una persona muy original y desubicada que va por libre, pero esa nueva experiencia le aporta una nueva visión del mundo que va a emplear a partir de ahora, trabajando para Ray. Quizá no esté tan desorientada como parece.

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Hannah. Es la que menos evoluciona porque no puede ver más allá de sus propias narices, de sus problemas y de su ansiedad. Ha dejado de lado la escritura y a Adam para trabajar de profesora en un colegio y salir con el novio “perfecto” (Jim 2 de ‘The office’) y pese a que en principio, está tomando las decisiones correctas, no se siente realizada, está muy perdida y ello la lleva a tomar decisiones cuestionables. Hannah es una niñata malcriada, que incluso, en uno de los más innecesarios momentos de la temporada capítulos, es capaz de enseñarle la vagina a su jefe para hacerle callar, mandando también un sonoro “Fuck you” a todas esas personas que critican sus desnudos, su falta de vergüenza y decoro. (Desnudos que, por cierto, se han multiplicado esta temporada).

No está en su mejor momento personal. Que deje a su novio justo cuando se iban de vacaciones, en un baño público, no es desde luego, uno de sus mejores momentos. Que intente chupársela a Ray (que ha estado con Shoshanna y Marnie) en una furgoneta que luego estrella, tampoco.Pero todo viene de lo mismo, ese caos que desata a su paso, que ni ella misma puede contener. Sin embargo, Hannah es muy madura en su distanciamiento con Jessa (perfectamente reflejado en esa escena, en que la observa mirando a Adam embobada desde un balcón lejano, descubriéndolo todo), está creciendo. No encoleriza, no hace un drama de toda la situación, se limita a observar triste desde la distancia y a finalizar la temporada con un precioso discurso,que sin duda la ha acercado bastante más a la audiencia. Ha escuchado a Jessa y Adam tener la discusión del siglo, y han mencionado su nombre. Pero por una vez, ella está en paz. No participa del drama, escucha detrás de la puerta y se da cuenta de que no es lo que necesita en su vida. Es un paso. Está aprendiendo a quedarse al margen. Está aprendiendo a anteponer las necesidades de otros a las suyas. Poco a poco.

Y por todo ésto, ‘Girls’ es una serie tan grande. Por sus patadas en la boca, las escenas de sexo incómodo e imperfecto, su retrato realista de las situaciones, las relaciones humanas y de la vida. ¡Cuánto las vamos a echar de menos a todas el año que viene cuando termine! De momento han puesto todas las piezas adecuadas para que el final sea perfecto. Esperemos que así sea.