Girls, los pezones de Lena Dunham al FIB

Lena Dunham se ha propuesto convertir su cuerpo en el estandarte de una generación. Ya no se conforma con que su voz se oiga por encima de todas las demás con una serie de éxito y ha decidido quintuplicar sus desnudos hasta convertir el set de ‘Girls’ en una sesión fotográfica de Terry Richardson. Novedad ninguna, pero alarmante igualmente cuando descubres que rasgos de su anatomía los conoces por encima de la tuya propia. Dentro de poco sus pezones serán cartel del FIB y darán espectáculos en bautizos, bodas y comuniones. Pero así está la cosa. Y no es que me importe, pero cuando tu cuerpo da más que hablar que tu serie, no solamente falla tu diseñador de vestuario.

Nunca escribí sobre la segunda temporada de “Girls” porque semejante despropósito no merecía mención. Un espectáculo ególatra infinito compuesto por cameos pretenciosos, sexo injustificado -si, HBO, a veces necesitamos una explicación- y diálogos innecesarios pretendidamente profundos. No llegué a acabarla, y no entendí a que se debía su renovación. Pero no fueron pocos los comentarios positivos sobre la tercera los que me llevaron no solamente a empezarla, sino a disfrutarla -a medias- incluso, y ahora a c̶r̶i̶t̶i̶c̶a̶r̶l̶a̶ escribir sobre ella.

El principal acierto de esta temporada es que vuelve a equilibrar el peso de los personajes y recupera el sentido de la serie. Ya no maltrata a Adam que vuelve a regalarnos el mejor papel, y Jessa, Marnie y Shoshanna existen de nuevo, volviendo a tener sentido que la serie se llame “Girls” y no “Ego”. -Aún así, sigo pensando que Lena debió pensarse el nombre un poco antes de rodar ese espectáculo narcisista, por lo de la coherencia y esas cosas-. Un cierto existencialismo, que siempre gusta, se cierne sobre todas las tramas, y como la coralidad ha vuelto podemos repartir nuestros odios, -era cansino focalizarlos en Lena Dunham-, e incluso hay un cameo de Juno Squibb.

El mayor problema, sin embargo, son los clichés constantes y la falta de originalidad en cuanto a la temática. Cambian protagonista atípica y relaciones complejas, pero la única diferencia entre Girls y  ‘Sexo en Nueva York’ es que al menos sabíamos que Carrie Bradshaw era una escritora de pacotilla con amigas hormonadas con ínfulas intelectuales, mientras que en Girls nos venden personajes semejantes -coinciden incluso en número- pero con tintes de antiheroicidad. Por lo demás, Lena Dunham se atiborra en pantalla y no se corta a la hora de hacer chistes sobre gordas. Pero eh, que Mindy Kaling lo hace infinitamente mejor y nadie dice nada. Además,parece que en Nueva York todo el mundo trabaja en galerías de arte o se dedica a escribir en revistas de élite, así que no me culpéis o digáis que las comparaciones son odiosas, las cosas son como son.

Los personajes han evolucionado muchísimo, eso tampoco lo voy a negar. Salvo Shoshanna, que está en la serie porque sino el número era impar y quedaba muy feo, o porque quedaba ‘coo'” incluir una actriz de ‘Mad Men’ en el reparto, aún no lo tengo claro. Además, resulta cada día más manifiesto que Ray y Adam son lo mejor y no les dan mayor intervención porque sino no la gente reclamaría  que se grabe”Boys” y no hay presupuesto. La piscina de mierda en que se hunden diariamente cada día es más profunda, y, cuánto más se hunden, más me gusta la serie. Es evidente que necesitan varias lecciones de humildad cada una de ellas. Pero en esto consiste la serie:Un escaparate de defectos humanos en el que mirarse e identificarse muchas veces. Salvo con Lena Dunham, porque si os identificáis con ella tenéis un problema tremendo de narcisismo y exhibicionismo, así que no lo digáis por ahí.

Girls

Con el capítulo “Beach House”  un ápice de esperanza brota en nuestros corazones con su visionado. No todo está perdido.  Merece una reconciliación con la serie e incluso con las mismas chicas. Aunque bueno, sólo diré que aparece Lena en bikini y la llaman “spring breaker”. Ahí queda. Además, en el 3×10 sale Adam quitándose un condón, y esa oda a la educación sexual se agradece en un mundillo plagado de escenas “Aquí te pillo, aquí te mato”, la verdad.

Termino y compruebo que quizá me haya excedido en cuánto a la crítica. O no. Nunca sabré que me pasa con esta serie. Lo que está claro, es que cuánta más polémica suscita, más necesito verla. Y eso es bueno, supongo.

Siempre que me pongo un capítulo, critico muchas cosas mentalmente, pero al rato, me descubro disfrutándola silenciosamente. Y descubro que todo es por Adam Driver. Al menos, gracias a Lena, va a salir en ‘Star Wars’.