El final de Breaking Bad: God save The Heisenberg

BreakingBadEl final del mundo está próximo. Y no lo dice Nostradamus, que lo digo yo,despues de saber la fecha en que comienza a retransmitirse la segunda mitad de la quinta temporada de “Breaking Bad” .Y es que todos sabemos que la vida no puede sino empeorar a partir de que finalice una de las mejores series de la televisión que hemos tenido la suerte de presenciar y vivir estos últimos cinco años . ¿Cómo seguir adelante cuándo en nuestro corazón empezamos a darnos cuenta de que no hay vuelta atrás, de que no hay redención posible para Walter White o escapatoria para Jesse Pinkman? De momento nos queda consuelo, tenemos aún ocho capítulos que todavía tienen mucho que resolver.

Lejos quedan esos días en que inocentes montábamos en la meth-van, ajenos al bullicio que comenzaba a formarse en torno a esta serie amable e idealista -en un principio- que ya prometía mucho desde el capítulo uno. Ajenos a las curvas que poco a poco iban a sucederse lentamente en este trepidante viaje que empezó en 2008 y que amenaza con despedirse en poco tiempo. Un viaje de calidad cargado de adrenalina. Y es que poco queda ya de ese  primitivo Walter White anodino y poco destacable en su altruista búsqueda de la felicidad familiar, de ese pater familias honrado y amable para el que el negocio de las drogas no era sino un juego provisional. Walter White ha muerto y se ha reencarnado en el nuevo Tony Soprano, el capo de la metanfetamina azul:  un personaje cuya evolución sorprende al más pintado con su tremenda degeneración y su aplastante personalidad, rasgos que han logrado convertir en el mayor cabrón de la televisión americana al cómico padre de “Malcolm in the Middle”. Ver para creer.

Y es que tan sólo nos han hecho falta  cinco temporadas para darnos cuenta de la velocidad a la que puede cambiar el ser humano. O mejor dicho, de la facilidad que tiene para liberar a su monstruo interior. Aunque Walter White no ha estado solo en este viaje transformador en el que le han acompañado todos y cada uno de los personajes de la serie, de los que empatizamos sobre todo con Jesse Pinkman, ya huérfano de padre y mentor, abandonado a su suerte . Desde luego la evolución que han experimentado  TODOS desde el comienzo no se queda corta al lado de nuestro crecimiento personal junto a estos titanes guionizados. Nunca estaremos suficientemente agradecidos a Vince Gilligan por crear esta serie, tan adictiva como la propia metanfetamina azul.

Porque la verdad sea dicha “Breaking Bad” es una obra maestra, además de verdad. Una serie que es capaz de combinar dilemas morales y éticos, planteamientos y preguntas filosóficas con canciones de la Mala Rodríguez. ¿Hasta que punto el ser humano obra desinteresadamente? ¿Qué es bueno o que es malo? ¿Todo es justificable si se obra con buenos fines?. Una profunda reflexión sobre la naturaleza del ser humano, en la que sufres en tus carnes los cambios de peso experimentados por Skyler White y los agonizantes llamados de atención de Walter Jr. en su interminable búsqueda de bacon. Una serie donde empatizar con el mal es posible pues su magnetismo es incuestionable, dónde la línea divisoria bien-mal no está ya demasiado bien trazada, todo siempre es relativo. Y todo esto es posible gracias no solo a un brillantísimo guión, sino a un reparto cuidadosamente elegido y a unos personajes laboriosamente diseñados. Breaking Bad es arte.

Y como el final está cerca, las teorías se disparan. ¿Qué pasará después de un impactante 5×08 que nos dejó fastidiados ya todo el verano? Desde luego, y si la serie mantiene su nivel– in crescendo desde el comienzo- vamos a sufrir mucho y bien, porque según palabras de su creador: “”el final representa en cierta medida, aunque sea pequeña, una victoria para Walter White” y nuestra postura para con el personaje principal ya no está del todo definida…¿o si? Ni nosotros lo sabemos ya porque tenemos las neuronas un poco derretidas con tanto sol en Albuquerque.

Así que preparad vuestras agendas y despejad el mes de Agosto que la ocasión lo merece, la espiral de emociones llega a su fin: God Save The Heisenberg.