Eras mi lado favorito de la cama

Nos ha pasado otra vez lo mismo. He vuelto como ser humano a tropezar otra vez con la misma piedra filosofal. Quizás no he repetido un patrón, pero sí he seguido los consejos de lo que tenía dentro y simplemente me dejé llevar. Por desgracia no es la primera, y por suerte no será la última. Y no puedo evitar preguntarme: ¿qué nos ha pasado esta vez?

Conjugar verbos y el dolor que ello conlleva, tu pretérito imperfecto, mi pasado perfecto. Las noches catalogadas como insuperables. Era experta en anatomía, en sol y nieve. El tiempo que pasamos juntos, el que nos queda separados, supongo que será el resto.

Costumbristas y felices, supiste que era de sonrisa fácil y enfado invisible. Calmabas mi impulso indomable, el que empezaba en los ojos y terminaba en los dientes; capaces de hacer simultáneos los parpadeos, suspiros y armonías cardíacas; podíamos apostar a un absurdo y decidir el futuro inmediato de mi salón. Viajábamos siendo ángulo recto, apoyada en tus piernas ignorando el televisor. Encajábamos surrealistas en nuestro tetris corporal; preguntaba y respondías, bendito cuestionario dominical.

mi lado favorito cama

Recuerdo en los inicios tu negativa por quedarte a dormir. Mi tristeza camuflada y tu don para desenfadarme, que espero que nunca pierdas aunque ya no necesites usarlo. Entonces se cayó el muro y sincronizamos los ritmos circadianos del sueño. Mi casa era la fortaleza, de puertas hacia dentro nada nos preocupaba. No tenía en cuenta el destino si era amazona a tu espalda, el viento rompía en mis mejillas y llevaba las saladas lágrimas hasta mis labios.

Convertí el sofá de skay en el recibidor de tus visitas, sólo tú conseguías que me sentase quieta cinco minutos seguidos. Me mirabas cocinar desde la esquina, sin decir nada, eligiendo la banda sonora de nuestro bunker mientras yo hablaba. Acudía a tu llamada silenciosa y me atrapabas sin decir ni una palabra. Se quemaba la cena en el fuego mientras las cervezas se nos terminaban.

El modo en que me quitabas el vestido y adivinar tu sonrisa en la oscuridad…, nunca daré con una manera de iluminar como la tuya. Era misterio por las noches y brillante por las mañanas; madrugar no era un problema si eras tú el que me despertaba. Qué feliz joder, alimentabas sin saberlo mis ganas de comerme el mundo.

Entonces algo se rompió, se acabó el gas y no prendía la llama. Ya no me mirabas desde ninguna esquina, ni siquiera me observabas. No necesitabas beber de mi boca, ni alimentarte de mis palabras. Perdiste el interés y cualquier duda quedó resuelta. Intentabas explicarte cosas que debido a su génesis son bastante complicadas. Puede que mientras yo durmiese, tú hablases de mí con la almohada, puede que no viera tus señales o puede que las ignorara.

Son cosas que recuerdo por las mañanas, eras mi lado favorito de la cama.