No mires mucho si comprar en el mercado o en el Mercadona. No mires si la comida tiene transgénicos, cuánto azúcar llevan las tortitas integrales esas que te comes, qué significado tiene la numeración en los huevos. Si la sal o el azúcar es refinada. No te preocupes por estabilizantes o aditivos o la energía nuclear, no mires en las etiquetas si el chocolate está deforestando la selva y explotando a niños de cinco años, si era medianoche en Bhopal, que si la lluvia ácida, los derrames de aguas residuales, de cianuro, de residuos químicos… No te intereses. Si tu ropa tan barata y moderna financia la esclavitud en Brasil y en toda Asia, o si tu móvil está limpio de sangre por su procedencia o certificación, no te preocupes por Monsanto, Dupont, la Acrilamida, el Aspartamo, el Bisfenol, el jarabe de maíz, los colorantes artificiales, el clorhidrato, el glutamato, los hidrolizados, las grasas trans, el ácido fosfórico, el propenil glicol; que si la sucralosa, si las carnes rojas llevan nitrito de sodio, el mercurio en el pescado… No te plantees los costes sociales y ambientales. ¡No mires! ¡NO! Esas cosas. It’s very difficult todo esto. Pero, hay algo que sí puedes hacer. Algo que sí está en tu mano. Algo en las etiquetas muy importante, capital, y en lo que sí te has de fijar, a partir de ahora, si quieres ser un consumidor responsable, productos catalanes dejarás de comprar.

¡Sí señor!