Hola.

Quiero dedicar todo esto a una persona a la que, pese a todo, quiero y sigo queriendo. Porque hay veces que pasan cosas, cosas feas, y las amistades se rompen, desaparecen, pero eso no quiere decir que el sentimiento se esfume, al menos no en mi caso.

Cuántas veces nos conformamos con las cosas. Cuántas veces miramos hacia otro lado esperando que todo se solucione. Podíamos trasladar esto a todos los aspectos de la vida, pero obviamente a lo que me refiero es a todas esas personas que alguna vez nos hemos conformado con una relación que nos hacía infeliz.

Me ha pasado.

Y a ti.

Y a ti.

Y a ti también.

La relación entre dos personas es una de las cosas mas difíciles del mundo. Encontrar alguien que sume a lo que eres. Alguien que te mantenga en equilibrio. Que te admire. Que te respete. Son fórmulas básicas tan difíciles de encontrar que muchas veces nos perdemos en historias de mierda. Buscamos la virtud, la excelencia. Nos vamos conformando. Nos resignamos a relaciones que son solo malos sueños. Casi como pesadillas. Actos fallidos.

Yo tuve una. Una relación con la que me conformé. Simplemente no hice caso a las primeras señales. Siempre las hay: LA DUDA. Pero no quería renunciar a eso que tenía. Ay…ilusa. Y dejas avanzar la relación, como si de un pelotón de fusilamiento se tratara. Y ahí estas tú: conformándote.
Conformándote con alguien que no te hace cien por cien feliz, porque ese tipo de felicidad máxima no existe. ¿Pero qué coño? Claro que existe. Pero tú no paras de poner excusas. Discutir. Cada vez más y peor. Pero no pasa nada, porque un relación es eso, discutir y reconciliarse. Un poco de drama. Chispa lo llaman. Otros lo llamarán “no aburrirse” ¡¡ Los cojones!! Yo lo llamo COMER MIERDA. No vives, sobrevives a base de los bonitos recuerdos del principio. Y tu entorno. Aíslas tu historia de tu entorno. Porque lo sabes. En el fondo sabes que vives en una relación viciada desde el principio. Una relación que no te hace feliz. Una relación que ansiabas tanto, que sería un delito dejarla ir. Pero es que este puto mundo es demasiado corto como para desperdiciar la vida con gente que te resta, gente que te apaga. Que estar solo es maravilloso. Con treinta, con cuarenta.

Yo, comedora de mierda oficial, de profesión: alfombra de aladín. Que me han pisado. Nunca me he rendido. Nunca me he conformado. Y si lo he hecho, al menos he aprendido a no volver a hacerlo. Porque el amor es como la droga, puede que no exista la pureza, pero hay que buscarla.

Dedico esto también a todas esas personas que viven en relaciones abocadas al fracaso. Valentía. Nunca dejéis de buscar el amor, ni la completa felicidad. Y sobretodo NO OS CONFORMÉIS.

 

texto e ilustración: Mara Bunta