Compartir piso y otros desastres

Compartir piso y otros desastresLlevas años esperándolo y por fin sucede; te independizas (toma nota Puigdemont). O, en algunos casos, se produce un cese temporal de la convivencia paterna. Pero como tu cartera está más vacía que el WhatsApp de Naím Thomas, no te queda otra que compartir piso. Y para adaptarte a tu nuevo modus vivendi te tragas todas las temporadas de ‘Friends’, ‘Como conocí a vuestra madre’ y hasta ‘Canguros’. Pero más te valdría echar un vistazo a ‘Los juegos del hambre’, ‘Náufrago’ o, incluso, ‘Viven’ porque a final del mes verás a tus compañeros con forma de cachopo.

De puertas para adentro tu habitación es tu santuario. Acogedor. El Marina D’Or de las habitaciones. Pero no todo es color de rosa, o si no que se lo digan a UPyD. Como todo en esta vida, mantener lo público en un estado decente es misión imposible. Necesitamos un partido político que abogue por los derechos en cuanto a zonas comunes de los pisos compartidos se refiere (Garzón, corazón, toma nota). Cocina, baño y salón serán tus máximas preocupaciones. A mí me gusta imaginarlos como realities, que es lo más parecido al sufrimiento que se me ocurre:

PESADILLA EN LA COCINA: Ni ‘MasterChef’, ni Karlos Arguiñano, ni ‘Cocina con Bruno’… una puta pesadilla. Encontrar un recipiente fregado se convierte en un caso para Íker Jiménez. Me juego mi colección de revistas de Súper Pop a que la invención hipsteriana de beber en tarros de mermelada nació de la incapacidad de encontrar un vaso limpio. Pero, eh, siempre nos quedará ARCO.

gif Chicote

DESAFÍO EXTREMO: El baño es quizá uno de los sitios más arriesgados de éste nuestro piso compartido. Luchar por entrar el primero se convierte en una experiencia digna de esas señoras que esperan el pistoletazo de salida el primer día de rebajas. Aprendes a rezar todo lo que no aprendiste en catequesis para que tu compañero no haya descargado todo su arsenal de artillería pesada. Y qué decir de los pelos en la ducha que, si te fijas bien, puedes ver formas en esos manojos que ya quisieran las nubes o el gotelé de las paredes.

 

GRAN HERMANO: El salón puede llegar a convertirse en el centro de los grandes acontecimientos del piso: desde discusiones por el mando de la tele donde la única solución, como si de la casa de Guadalix se tratara, es acabar en el confe (tu habitación) hasta esas fiestas multitudinarias donde se une hasta el chino de la tienda. Al día siguiente, la parrilla de programación será: Colega, ¿dónde está mi piso?

Fiestas en el piso

Y por si estos desastres de la naturaleza humana no fueran suficientes, también hay que lidiar (Lozano) con los COMPAÑEROS, y no hablo de Quimi y Valle porque si no me emociono.

MÓNICA GELLER: Es posible que te encuentres con maniátic@s de la limpieza. Vale que el orden es importante pero, de verdad, no hacía falta llamar a los GEOs por esa minúscula mota de polvo que, además, parece muy simpática. Relax.

EL GRINCH: Siempre está de mal humor. Se quejará por todo, hasta del ruido que hace ese puto pajarito que si fuera Blancanieves ni cantarle ni hostias, a la parrilla vuelta y vuelta. Relax también.

EL HIPPIE: Es la antítesis del Grinch. Todo le parece fenomenal, siempre con una sonrisa en la cara. Total, casi nunca está en casa, por él como si os matáis. Eso sí, cuando invita a sus amigos y organizan la fiesta de la risa, procura despejar la colada del tendedero o te dará una taquicardia al día siguiente.

CARPANTA: Si lo que más repites a lo largo de la semana es “juraría que yo había comprado más [introducir alimento]” no es que de repente te hayas convertido en la protagonista de ‘Still Alice’, no, es que tienes un gorrón en el piso que se está zampando tu comida. Déjale una nota en los yogures que diga: “Le he echado matarratas para darle más gustillo, que aproveche”. Así, de buenro.

-SHELDON COOPER: NI SE TE OCURRA QUITARLE SU SITIO DEL SOFÁ O:

sheldon

 

Que sí, que también hay muchas cosas buenas pero eso que lo escriba otro.