¿Cómo éramos cuando salió el ‘Más’ de Alejandro Sanz?

Es domingo, hace calor y estás en calzoncillos tirado en el sofá. Una patada al erotismo que amplificas viendo una cosa en la tele que presenta la Patiño. Crees que nada puede ir a peor pero de repente aparece en la pantalla el siguiente rótulo:

Alejandro Sanz celebra los 20 años de ‘Más’ con un concierto ante 50 mil espectadores”.

En aproximadamente ocho segundos te han caído dos décadas. Has pasado del adolescente que se estimulaba visualmente cuando echaban ‘Showgirls’ en Telecinco al treintañero en crisis preocupado por el IRPF. Del estudiante de 2º de ESO de 1997 al explotado como falso autónomo en una proto-startup que dirige un cateto con ínfulas de Steve Jobs.

Tú no te has dado cuenta, pero ya no eres el tipo que algún día fuiste. ‘Más’, el disco del que se vendieron dos millones de copias  (pero que está en TODOS los hogares españoles junto al de Estopa), ha cumplido veinte años. Pensabas que fue ayer cuando empezaste a desgañitarte cantando el estribillo de “Y, ¿si fuera ella?” o de grabarte el videoclip de “Amiga mía” en VHS a la una y media del mediodía en Canal Plus, pero NO. Fue hace veinte puñeteros años.

De ese septiembre de 1997 que vio el nacimiento de ‘Más’ a hoy no sólo han transcurrido los cuatro lustros que marcan en el calendario. Ha pasado mucho y a la vez nada. Dicen que los noventa no tienen nada de particular y que eran como los 80 pero con menos heroína y pantalones Adidas de botones. Mentira. Igual de 1990 a 1994 aún existían ecos de los ochenta, pero la segunda mitad de la década tuvo un mayor ritmo. Como si todo cambiara a más velocidad conforme se acercaba el nuevo milenio y el detonante hubiera sido “esa tarde tonta y caliente del verano del 97″ en el que salió el disco de Alejandro Sanz:

El disc-man asesinaba al walk-man, los 128 kbs de conexión a Internet empezaban lentamente a introducirse en los hogares, la Encarta te salvaba el culo en los trabajos de 2º de la ESO que dejabas para el último día porque tenías que clasificar a Holanda para el Mundial de Francia en tu FIFA 98 que lo petaba a ritmo del “Song 2” de Blur. Las coletillas de ‘El Informal’ marcaban tu forma de hablar casi con la misma fuerza con la que ahora utilizas las de ‘La vida moderna’. Los gritos guturales de Ignatius y las ocurrencias de Broncano y Quequé tenían la voz de Florentino Fernández en 1998. “¡Que pa que pa que paaaaacha!” o “Me congratuuuuuulaaaaaa” son algunas expresiones que podías oír a todas horas. Edward Norton se convirtió en tu actor favorito gracias a su interpretación en ‘American History X’ aunque las verdaderas estrellas del videoclub eran ‘Scream’ y, cómo no, ‘Titanic’. Porque las cinco veces que la habías visto en el cine no fueron suficientes. Quizás por eso es por lo que ganó 11 premios Oscar imponiéndose a ‘Full Monty’, ‘L.A. Confidential’, ‘Mejor, imposible’ y a ‘El indomable Will Hunting’ de unos imberbes Ben Affleck y Matt Damon. España caía siempre en cuartos de final pero era feliz al ver que el amor triunfaba y Nacho por fin se casaba con Alicia en ‘Médico de familia’. Que anteriormente fueran cuñados ya tal. Y el Madrid, que nunca ganaba la Champions, volvía a proclamarse campeón de Europa.

A nivel musical España vivía en su particular canto del cisne. El mainstream, tal y como lo conocíamos, estaba a punto de cambiar para siempre por culpa de la pachanga (precuela del reguetón), ‘OT1’ y la piratería. Si sintonizabas Los 40 principales podías escuchar a Oasis, Mikel Erentxun, The Offspring o unos chavales de Donosti llamados La Oreja de Van Gogh. Era un caos maravilloso donde TODO cabía. Un monstruo de diez mil cabezas donde pinchaban por igual a las Spice Girls que a Pet Shop Boys. La mencionada “Song 2” de Blur, el último hit de los Fugees, los coletazos del ‘Devil came to me’ de Dover, ‘Eurosis’ de Ska-p, el recopilatorio dance de turno (posiblemente el ‘Blanco y negro Mix 5’) o el, infravalorado por aquel entonces, ‘Canciones prohibidas’ de Extremoduro, con ese himno llamado “Golfa” en su tracklist. El mainstream lo molaba todo y Andrés Calamaro se encerraba en su piso de la Calle del Pez para componer ‘Honestidad Brutal’. El último de la fila se separaba y Manolo García lo petaba fuertecito y en solitario con el brillante ‘Arena en los bolsillos’. Mendieta metía un gol realmente increíble y, junto a la drogaina, inspiró a J a componer “Un día cualquiera”. El Sonorama nacía con ediciones de un sólo día, el FIB estaba en pañales y, lo mejor de todo, nunca habías oído hablar de Operación Triunfo y el perreo.

No vuelvas a hablar mal de los 90.