Carta de amor a Cómo conocí a vuestra madre

Tras nueve años apoltronados en el mismo sofá, los hijos de Ted Mosby se retuercen de dolor y no sienten las piernas, han perdido la movilidad en parte de su cuerpo definitivamente y su propia capacidad de convertirse en padres. Bob Saget sigue contando la historia, pero no le interesa a nadie y le han cogido porque salía en Padres forzosos (¿ironía?). A Josh Radnor le han salido canas azules porque en el futuro no hay tinte blanco y queda muy cutre envejecer de forma normal. Lilly y Marshall protagonizan alguna serie de José Luis Moreno y los fans están que trinan con el desenlace que acaban de ver en sus televisores/ordenadores.

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No, en serio. Nueve años. Han hecho falta nueve años para finalizar una serie que prometía ser enorme y se quedó a medias, estancada en un correctito aprobado con tintes dramáticos y sabor a derrota . Eso es lo que pasa por querer estirar un chicle que se ha quedado un poco rancio y no tiene sabor. Pero bueno, en líneas generales ha merecido la pena el viaje, quizá no tanto como esperábamos, pero son ya muchos años de juerga en el McLarens y nos conocemos todos. Sabíamos que esto podía pasar.

Así que ahora nos dejas, amigo Ted, y no podemos echarte la bronca por haber sido tan cansino. O sí. Que en tanto tiempo no hayas cambiado ni un ápice tiene delito. Pero bueno, fue tu esencia la que nos hizo reconciliarnos -a algunas claro- con los personajes románticos y el amor en las series en general, después de que Ross y Rachel dejaran claro que ni de coña habrá historia de amor parecida en la ficción de una serie “cómica”. Pero oye, lo has intentado y te ha salido bien la jugada. Has hecho felices a tus hijos que por fin pueden salir a la calle y ver la luz del sol.

Sin ánimo de hacer spoiler y poniendo de manifiesto una vez más mi amor por una serie que me ha acompañado siempre -para lo bueno y lo malo-solo diré una cosa: Nos han timado haciéndonos creer que esto era la historia de la madre y nosotros, ilusos, hemos querido picar. Si algo ha dejado claro esta season finale que aún no nos podemos creer, es que toda la serie gira en torno a Ted y su imposibilidad de avanzar, de borrar el pasado, en definitiva, la historia de Ted contando a los hijos su pasado que será presente y futuro: la involución Mosby. También ha sido un largo proceso destructor bastante imperdonable de un personaje genial que se ha marchitado lentamente, que me lleva a considerar “El declive lento, largo y doloroso de Barney Stinson” como mejor título, pero que quedaba muy largo y poco comercial. Un innecesario recorrido por los días previos a la boda de Barney y Robin que ahora se nos revelan bastante vacíos, innecesarios y dolorosos. Pero bueno, dejaremos las incongruencias de lado para centrarnos en la emotividad de un desenlace lacrimógeno y esperanzador. El adiós al protagonista absoluto, a Ted.

El principal problema ha sido, que esta temporada puso demasiado rápido las cartas sobre la mesa, se descubrió rápido el pastel, y ahora me debato entre sentirme estafada o profundamente alegre. Después de tantos años y tantas teorías no dejo de preguntarme una cosa:”¿Han ido Carter Bays y Craig Thomas a lo facil? ¿Nos han hecho sufrir mucho e innecesariamente? ¿Después de todo eran absolutamente necesarias nueve temporadas y ciertas tramas? Supongo que no, pero podría haber sido peor y no podemos olvidar los buenos momentos, que aunque de últimas hayan sido pocos, daban esperanza a la serie, a los personajes y mantenían viva la ilusión de seguir una serie cuyos protagonistas ya formaban parte de nuestra vida. “The playbook”, los chistes de Barney, la ruptura de Marshall y Lilly de la segunda temporada, la corneta azul, Marvin Waitforit, “The captain”…Infinidad de ellos. Aunque lo que me reconcome realmente son los pelucones de los flashbacks, ¿Eran necesarios? En serio, que alguien me apoye porque me han perturbado mucho.

Y es que al final “Last forever” ha sido una oda a Ted. Una carta de amor a un personaje malogrado en el amor. Una despedida digna, polémica pero justa. La coralidad de la serie se desdibuja evidenciando la debilidad de sus creadores: al final todo lo que importa es lo que fue, y como empezó todo. Porque lo que nos ha hecho mantenernos al pie del cañón y esperar a este día ha sido siempre él, y todavía no sé muy bien como asimilar un desenlace (desde luego no imprevisible) muy metido con calzador que podría haber ahorrado muchos quebraderos de cabeza. Después de recoger los pañuelos y limpiarme el rimmel de la cara, no sé si lloro por él, por el final o porque les voy a echar de menos.

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Los martes no van a ser lo mismo nunca más. Se acabaron las críticas o las alabanzas. Si tanto la criticábamos era porque en su día significó mucho y no podemos dejar de reconocer el mérito de una serie que ha hecho historia y deja un poso de ternura. Así que por todo esto: gracias Gregf y Carter. Gracias de verdad. Porque no habríamos sido los mismos. Porque hemos crecido con vosotros -literalmente- y solo nos queda agradecer el, más o menos intenso, viaje que se acaba. Ha sido un auténtico placer. Mi cariño si va a durar siempre, no solo el título del capítulo.

¡Ah! Ted, me dirijo solo a ti, porque después de todo que menos que despedirse. Solo una cosa: ESPABILA y enróllate menos. Hasta siempre.