Esto que vas a leer a continuación lo escribió Sharon Wiltwisin que al no triunfar en el mundo de la teletienda se metió a camarera hasta que se cansó y escribió un poema:

 

Voy a escribir,
medio broma medio en serio,
la vida trabajando de camarera
con CIERTOS clientes
vástagos del averno.

“Hola buenas noches,
¿le pongo algo para beber?”
y sólo deseo
con toda mi alma,
que como mínimo me miren a la cara
o que me contesten bien.

“¿La comida la tienen o me espero un ratito?”
y eso es, POR FAVOR,
pedidme de una y rapidito.
“Sí, ya lo tenemos,
a ver,
¿qué nos aconsejas para comer?”

Os aconsejo de corazón
que no me tengáis de pie
esperando para bingo,
que no me llaméis con un chasquido,
que no le quitéis veinte ingredientes al bocadillo,
que no me tratéis mal
y que si está el comedor a reventar,
seáis más comprensivos,
¡No sé!
¡Imagináos que soy alguno de vuestros hijos!
que si se me olvida tu agua,
no es que sea retrasada,
es que estoy en medio de un ictus
y lucho por no quitarme el delantal
y pirarme a casa a llorar y dormir
durante dos siglos seguidos.

Os aconsejo que os imaginéis mis pies,
después de mil horas
con la sonrisa atorrrrnillada
para que paséis una inolvidable velada.
Os aconsejo que no me menospreciéis,
por ser una “simple camarera”,
porque la verdad y lo triste es
que la mayoría, como mínimo,
tenemos carrera.

Que no me pidáis que os divida de cabeza la cuenta,
datáfono en mano y en la mesa,
que si el problema es de cocina o de la empresa
no descarguéis contra mí vuestra ofensa y afrenta,
que si son doce menos diez
cenéis en algún “Tako away”
que no es que no quiera trabajar,
es que también soy humana como tú
y necesito descansar
con mi tele,
mi chica,
mi manta
y mi sofá.
Que si os llevo la cuenta y apago la música,
no es que sea una rancia,
es que esas horas ni me las pagan.

Así pues, a todos aquellos clientes:
No soy tu esclava,
no soy un ordenador con antivirus premium
con su versión más actualizada.
Me puedo equivocar,
como supongo que se equivoca tu contable,
con esas cuentas sin justificar
para tu casita en la playa.
Que hay cosas que no dependen de mí,
y que también puedo haber tenido una muy mala semana
y estoy aquí,
sonriendo y dispuesta para servir y cumplir
a tus caprichos y mala baba.
Que aumentar tres personas en una reserva
SIN AVISAR,
es una putada,
que encima, aunque me esté cagando en Sandokán,
hago un esfuerzo, sonrío y te digo:
“tranquilos, no pasa nada,
a ver qué podemos hacer”
aunque lo mejor sería,
meter a esos tres en el almacén,
hasta mañana.

Pero para terminar,
agradecer a los otros clientes
que te alegran la jornada
y a los que te dan ganas
de invitarles a las cervezas,
al postre
y a un par de rayas.
De verdad,
GRACIAS.

 

realmente es un poema de Gabriela Pavinski