Si estás leyendo esto significa que estás pasando por un momento jodido.

Venga, admítelo, no me digas que no. Llevas una semana entera rumiando, dando vueltas al mismo tema. No es para menos, también te digo, pero ya es hora de que lo dejes estar. Busca un lugar tranquilo, ponte cómoda, ábrete una Turia. Puede que lo que leas a continuación te haga abrir los ojos y cambiar de perspectiva… o puede que no.

En el fondo sabes que no es tan raro -lo de recibir una carta del futuro, digo-. Llevas media vida esperando unas instrucciones que te ayuden a solucionar tu mierda presente. Lo cierto es que tus amigos están hasta las narices de escuchar tus crisis existenciales, y tu dolor de cabeza constante no se debe a la falta de descanso -que también- sino a tu obsesión por sobreanalizar todos y cada uno de los detalles más insignificantes de la vida cotidiana.

¿Qué movida, eh?

Ahora que has dejado de cuestionar tu cordura -y que ya vas por tu segunda cerveza- te estarás preguntando cómo narices he logrado contactar contigo. Los detalles, me temo, no son importantes ahora mismo. Si te los contara tendría que matarte; y eso, querida mía, sería una auténtica faena para mí: tu Yo del futuro.

Iré al grano: lo que estás a punto de vivir te va a dejar bajo mínimos. No te estoy haciendo ningún spoiler; en el fondo, tú ya lo sabes. Llámalo destino, llámalo putada, llámalo profecía autocumplida. Es difícil confiar en tu intuición cuando eres la negatividad personificada, pero a veces -y solo a veces, tampoco te flipes- puedes estar en lo cierto.

La historia es más bien simple: chica conoce a chico, chico conoce a chica; chica se enamora hasta las trancas, chico no siente lo mismo y desaparece del mapa. ¿Acaso puedes culparle por no satisfacer tus expectativas? Me temo que no.

Siempre supiste que jugabais en ligas distintas, pero lejos de echar el freno y curarte en salud, decidiste darlo todo. Por si acaso. ¿Debes lamentarte por ello? Ni de coña, guapa. Llora por lo que no has hecho, pero nunca por tus saltos al vacío. La sensación de vértigo es lo único que te mantendrá viva, no lo olvides.

Repites, como si de un mantra autodestructivo se tratase, que siempre te pasa lo mismo y que nadie apuesta por ti. Lo que todavía no entiendes es que, en realidad, eres tú la que decide quién se queda y quién se va; solo tú puedes escoger a la persona que te va a conocer de verdad. Fuera de ese círculo, ya no hay nada que dependa de ti. ¿Y por qué vas a sufrir en exceso por algo que no depende de ti?

Aún así, y por muy racional que tu Yo del futuro te parezca ahora mismo, confieso que todavía recuerdo la sensación de desgarro y la falta de aire en los pulmones. El amor es jodido, y las rupturas ni te cuento. ¿Pero sabes qué? Ojalá pudiera abrazarte y decirte que todo va a salir bien; que a día de hoy, pero del año siguiente, la persona que ahora mueve tu mundo no te provocará el más mínimo cosquilleo.

Así que quiérete. Quiérete y fluye, joder. Las cosas no suceden cuando una quiere, sino cuando tienen que ser: ni antes ni después.

¿Y qué coño significa eso?, te estarás preguntando. Bueno…… Y yo que sé.
¿Acaso piensas que te vas a convertir en la Maestra Zen por Excelencia en doce cochinos meses? A día de hoy, yo también sigo buscando la respuesta a esa pregunta. Pero oye, como diría nuestro querido Pete Townshend: They call me The Seeker, I’ve been searching low and high. I won’t get to get what I’m after till the day I die.

Esperemos que ese día tarde mucho en llegar, ¿no te parece?

Hasta el año que viene ?

 

texto Irene Benlloch