Que ningún bucle es tan importante
ni nada es tan complicado.
Que el miedo se vence nombrándolo
y los errores se arreglan contándose.
Que entre lágrimas todo suena más sincero,
(pero que no llores más,
que ya te creo).

Que perdonarte no hace falta si te entiendo
y que entiendas que si no dudas me asusto,
porque yo lo hago a menudo.

Que ningún vértigo es tan realista
como para no calmarse tumbada a tu lado,
ni ningún abrazo es tan reconfortante como para no querer moverse de ahí.

Que irse es necesario
y que volver,
parece,
se ha convertido en una costumbre,
de las que,
parece,
nunca vamos a obligarnos a cumplir.

Que nada es tan importante
ni nada es tan complicado
ni nada es tan doloroso
ni nada es tan preocupante
ni nada es tan asfixiante
ni nada es tan necesario

si te abrazo y es, otra vez, como si no hubiera pasado nada.

Que estoy cansada,

de estar cansada

y no tengo fuerzas
ni tiempo
ni ganas
para luchar en ninguna guerra
que no implique a tus sábanas.