Solo existen tres razones por las que Blade Runner 2049 no es una obra maestra:
1- Por ciertos fallos de guión.
2- Porque sale Jared Leto.
3-Porque existe Blade Runner original.

Por lo demás Blade Runner 2049 es un poema visual demoledor y apabullante. Un western postpunk hermosamente emocional que no solo está a la altura de su predecesora, la enriquece y expande. Y eso es decir mucho, muchísimo. Todo lo que hace Villeneuve en esta película es de una inteligencia exquisita, desde un amor incondicional por la cinta de Ridley Scott, no cae en la trampa de la repetición confundida con homenaje propia de por ejemplo la última de Star Wars. Nos devuelve ese Noir mezclado con lo emocional y trascendente pero consciente de la inutilidad de querer alcanzar la magnitud de la película anterior. De forma más reposada, menos pretenciosa, lo existencial está ahí. En la época actual de virtualidad afectiva que vivimos, la historia de amor se me antoja absolutamente maravillosa y excelentemente planteada.
La fotografía, la dirección artística, la música y la puesta en escena, así como las innovadoras ideas son sublimes. Uno tiene la sensación de estar viendo algo totalmente nuevo dentro de algo viejo. Algo muy presente en la película. Insisto, no algo repetido. Seré un hereje pero hacía mucho que no tenía la sensación cinematográfica de estar ante algo tan grande, tan sublime como Blade Runner 2049.

Y, por cierto, amo a Ryan Gosling por encima de todas las cosas.

 

Crítica de Javier Vayá